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Conflicto en Ormuz vuelca la mirada mundial en el Estrecho de Magallanes

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Presentado por:

Coopeuch

Estimadísimos lectores: es un verdadero placer saludarles por primera vez, en el debut del newsletter más austral de El Mostrador y del mundo.

Damos inicio a este trabajo editorial en un momento en que el invierno empieza a sentirse en Magallanes. No es solo frío -ese está casi todo el año-, sino ese otro frío, más denso, que marca un punto de inflexión. Cuando llega, uno lo siente: ya no hay vuelta atrás.

Este año, además, el clima ha tenido algo de inusual. Marzo fue el más lluvioso de los últimos 56 años, según nos contó el climatólogo de la UMAG, Nicolás Butorovic. Esto no es menor en una región que, pese a su ubicación extrema, no se caracteriza precisamente por la lluvia. Una señal más de que incluso en el fin del mundo, las condiciones están cambiando.

Entrando ya de lleno en lo que nos convoca, les cuento: Aquí Magallanes llega para acercar al lector a un territorio extremo, extenso y fragmentado, que hoy se enfrenta a dilemas propios de una región con características estratégicamente relevantes.

A través de este nuevo canal informativo, desde Punta Arenas, capital de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena, nuestra propuesta es dar a conocer una mirada desde el territorio, con enfoque en el desarrollo en las múltiples áreas de la región y en quienes la habitamos.

Desde Puerto Edén hasta el Cabo de Hornos, el compromiso es aportar a la descentralización real.

No quisiera partir sin antes saludar afectuosamente a mis colegas que, semana a semana, dan vida y sostienen este gran proyecto editorial llamado Aquí Regiones: Aquí Arica, Aquí Coquimbo, Aquí Valparaíso, Aquí Ñuble y Aquí Los Ríos.

A continuación, quisiera presentarles cinco artículos que, de una u otra manera, se conectan entre sí:

  • El Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos vuelven al centro del tablero global. En medio de la inestabilidad internacional, el extremo sur aparece como ruta estratégica para la logística, la soberanía y el acceso a recursos clave, con la Antártica cada vez más presente en la disputa entre potencias.
  • La estrategia de desarrollo más ambiciosa de Magallanes enfrenta su primer freno. El ajuste presupuestario del PEDZE impedirá iniciar nuevos proyectos en 2026, reabriendo el debate sobre la fragilidad de los compromisos del Estado con las zonas extremas y el equilibrio territorial en la distribución de recursos públicos.
  • Las incautaciones de embarcaciones extranjeras en Magallanes ya no parecen hechos aislados. Operativos desde 2024 han detectado un patrón de turismo no autorizado en los canales australes, abriendo dudas sobre la capacidad de fiscalización en una zona remota y cada vez más atractiva para el turismo de nicho.
  • Con apenas una veintena de habitantes, Puerto Toro, la localidad más austral del planeta, sigue viviendo entre el aislamiento y la persistencia. Sin agua potable para consumo ni electricidad comunitaria, enfrenta carencias básicas, mientras sus habitantes sostienen la vida cotidiana y apuestan por el turismo como posibilidad de futuro.
  • Puerto Williams busca cerrar una brecha histórica con un laboratorio de marea roja impulsado desde el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC). En una región donde estos eventos golpean la salud, la pesca y la economía, la apuesta combina monitoreo, innovación y cooperación internacional, aunque todavía enfrenta límites de financiamiento y formación científica.

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Escalada en Medio Oriente hace que el mundo mire al Estrecho de Magallanes

La inestabilidad geopolítica actual está reconfigurando el equilibrio global y las zonas en disputa, mientras el territorio austral comienza a posicionarse como una alternativa estratégica para la logística internacional. Uno de los principales focos se pondría en esta zona ante un eventual conflicto a escala global”, advierte el doctor en Estudios Americanos, Fernando Estenssoro.

Punta Arenas, capital de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena, es considerada como el principal centro logístico internacional del extremo sur, junto a Ushuaia, ubicada en el lado argentino de Tierra del Fuego. Ambas ciudades otorgan ventajas estratégicas a nivel global por su cercanía a la Antártica y su conexión con rutas marítimas clave entre los océanos Pacífico y Atlántico, destacando el rol del Estrecho de Magallanes en el caso chileno.

La realidad geopolítica actual, marcada por tensiones en puntos estratégicos del comercio global –como el conflicto entre Irán y Estados Unidos en el Estrecho de Ormuz-, ha dejado en evidencia la vulnerabilidad de estos corredores marítimos. En este contexto, y según el analista internacional Fernando Estenssoro, rutas alternativas como el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos podrían adquirir un rol cada vez más relevante, e incluso transformarse en focos de interés para las grandes potencias en un eventual conflicto a escala global.

Estamos viviendo el fin de la hegemonía norteamericana, y siempre que hay un cambio de un gran poder a otro, se genera un período de gran incertidumbre y de grandes conflictos globales. Entonces lo que hace Trump en este minuto es hacer valer su fuerza militar. Explícitamente ha declarado que su ecuación geográfica llega hasta el Polo Sur, a la Antártica”, comenta Estenssoro.

El futuro de la tecnología y del desarrollo dependen en gran medida de recursos naturales que son considerados “críticos” para la economía mundial. En ese sentido, la Antártica, protegida por el Tratado Antártico hasta 2048 -fecha en que se revisará el tratado de 1959 que impide actividad bélica y de explotación económica en el territorio-, y sus potenciales recursos naturales de alto interés estratégico, son una pieza clave para las proyecciones de las grandes potencias.

  • Aunque naturalmente Chile y Argentina son los principales países con proyección antártica por su cercanía geográfica, hoy son 30 naciones las que desarrollan ciencia y soberanía en el continente blanco. En ese sentido, Estenssoro apunta a “la unión estratégica con los países sudamericanos en aspectos elementales para robustecer nuestra capacidad de negociación futura”.

Un recurso estratégico que será altamente demandado en el futuro es precisamente la soberanía y el acceso a zonas de control marítimo relevantes. De ahí que este paso bioceánico resulte ser un punto de interés clave para controlar el flujo del comercio global, al erigirse como uno de los principales pasos en el mundo que conectan el Pacífico con el Atlántico.

La Región de Magallanes y de la Antártica Chilena hoy se encuentra en vías de consolidar su posicionamiento como actor geopolítico desde la soberanía, el desarrollo científico, las energías renovables, y desde su rol logístico.

Pero la inestabilidad de la política internacional posiciona también a Magallanes como una zona con riesgos de vulnerabilidad evidentes que no se pueden ignorar.

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Recorte a zonas extremas deja a Magallanes sin nuevos proyectos para 2026

El Plan de Desarrollo de Zonas Extremas (PEDZE) , con más de $ 2,4 billones proyectados a 10 años y más de 100 proyectos incorporados, verá limitado su avance en 2026 tras el anuncio de ajuste presupuestario, con recursos destinados solo a iniciativas en ejecución.

A finales de marzo, la Subsecretaría de Desarrollo Regional (SUBDERE) dio a conocer que redistribuiría los montos asignados a las regiones en el PEDZE, plan que fue oficializado al final del Gobierno del ex-Presidente Boric.

El PEDZE, que abarca a diversas zonas extremas del país -incluyendo Arica, Tarapacá, Aysén y Magallanes-, contempla una inversión cercana a los $ 2,4 billones a 10 años, con una alta concentración de recursos en la región austral. Sin embargo, tras su revisión, el Gobierno del Presidente Kast definió una asignación inicial de $ 25 mil millones para 2026 -de los $50 mil proyectados-, lo que en la práctica impide iniciar nuevos proyectos durante este año y limita la ejecución a obras en curso.

  • El gobernador de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, Jorge Flies, en conversación con Aquí Magallanes, señaló que este escenario podría dificultar aún más la ejecución del plan, considerando los tiempos administrativos asociados. Nos preocupa, porque los decretos presupuestarios para asignaciones de las regiones se demoran enormemente, señaló.

¿Qué ocurrirá entonces? Con más de cien iniciativas incorporadas, el PEDZE contempla la realización de proyectos en todas las comunas de la región, destacando proyectos de conectividad, servicios básicos en zonas rurales, salud y otros. Por otro lado, un gran porcentaje de los recursos lo capturan proyectos como la construcción del Centro Antártico Internacional, del Centro Espacial Austral y la modernización de la Base Julio Escudero en la Antártica.

Si bien esta modificación presupuestaria impactará en la ejecución de nuevos proyectos, el gobernador Flies aclaró que el plan continuará avanzando en aquellas iniciativas que ya se encuentran en desarrollo, como la Biblioteca y Archivo Regional, la pavimentación de la ruta Porvenir-Onaisín y la senda de penetración Hollemberg-Río Pérez, iniciativas que -según la autoridad- ya presentan un alto nivel de avance y cuyos impactos se proyectan como significativos para el desarrollo territorial de la región.

Equilibrio. La discusión sobre el ajuste presupuestario también ha abierto un debate sobre la distribución de los recursos a nivel nacional. Desde el Gobierno Regional advierten que, en términos comparativos, las inversiones proyectadas para Magallanes resultan muy menores frente a obras de gran escala ejecutadas en otros territorios.

Como ejemplo, el Puente Chacao -en una provincia con una población similar- representa el total de la inversión proyectada para la región en un horizonte de diez años. Así de vehemente es la brecha, apuntan desde el Gore.

El gobernador sostuvo que el desafío no debiera centrarse en la competencia entre regiones, sino en asegurar una distribución proporcional de los recursos públicos. “Sería poco entendible que el ajuste se haga en las regiones extremas, mientras en otras zonas se mantienen grandes proyectos de infraestructura. Eso termina ampliando la brecha territorial”, advirtió.

Este giro podría alterar el curso del desarrollo de la región más austral en la próxima década. En ese escenario, la continuidad de una política de Estado aparece como condición clave para garantizar respuestas sólidas a las necesidades estructurales de las “zonas extremas”.

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Turismo ilegal en canales australes: un fenómeno en expansión

Para quienes no han tenido la oportunidad de recorrer esta increíble región, imaginen la experiencia de navegar por el extremo austral de Chile. Atravesar el canal Beagle es entrar en un paisaje que desarma cualquier expectativa: montañas abruptas que caen directo al mar, glaciares que aparecen de pronto entre la niebla y un silencio tan profundo que solo lo rompe el viento o el golpe del agua contra el casco.

Todo se siente remoto, intacto, casi fuera del tiempo, y la sorpresa no está en un punto específico del viaje, sino en la certeza constante de estar avanzando por uno de los últimos rincones verdaderamente indómitos del mundo.

¿Casi irreal, no? Pero no lo es. Lo que sí resulta irreal es que este turismo intente hacerse de contrabando, simulando viajes privados, pero vendiendo tickets ilegales a precios extremos.

De hecho, no son pocos los operativos que desde 2024 han venido detectando embarcaciones extranjeras realizando turismo irregular en la Región de Magallanes.

A comienzos de abril, un velero de bandera francesa fue incautado en el canal Beagle tras detectarse que ofrecía expediciones pagadas hacia la Antártica, infringiendo la normativa vigente.

El caso se suma a una serie de fiscalizaciones desarrolladas desde fines de 2024, donde la Autoridad Marítima, Aduanas y la PDI han identificado un patrón operativo similar: naves que ingresan bajo régimen de uso privado, pero que posteriormente comercializan servicios turísticos de alto valor. Solo en 2025, al menos cuatro embarcaciones fueron incautadas bajo estas condiciones.

Según antecedentes recopilados de los últimos años, la evidencia pública sobre este tipo de prácticas se concentra principalmente en el periodo 2024–2026, lo que sugiere no necesariamente la ausencia previa del fenómeno, sino posibles brechas en su detección, registro o fiscalización.

En este contexto, autoridades han advertido que una de las prácticas más recurrentes consiste en presentar a los turistas como parte de la tripulación, eludiendo controles normativos y generando además una competencia desigual con operadores locales que sí cumplen con las regulaciones.

Más recientemente, el fenómeno ha sumado nuevas aristas. En 2026 surgieron denuncias por desembarcos de cruceros en zonas no habilitadas del extremo sur, lo que abre un debate no solo regulatorio, sino también ambiental, en áreas de alta sensibilidad ecológica.

Con estos antecedentes, la discusión comienza a desplazarse desde casos puntuales hacia un problema más estructural: el aumento de operaciones en un territorio de alta complejidad geográfica, donde la fiscalización enfrenta limitaciones y donde el crecimiento del turismo de nicho tensiona las capacidades del Estado para ejercer control efectivo.

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Puerto Toro: entre la fragilidad y el desarrollo de la comuna más austral del mundo

Con más de 130 años de historia, Puerto Toro -el poblado más austral del mundo- hoy alberga a cerca de 20 personas. Viven en un entorno inigualable, pero no tienen acceso a recursos básicos como agua potable para consumo ni electricidad comunitaria. “Esperamos tener en marcha nuestro proyecto de energización durante el segundo semestre, señala el alcalde de Cabo de Hornos, Patricio Fernández.

Puerto Toro, fundado en 1892, fue el primer asentamiento chileno al sur del canal Beagle y uno de los puntos más australes de ocupación humana en el mundo. Su origen está ligado a la fiebre del oro en Tierra del Fuego, cuando el poblado surgió como apoyo logístico para los lavaderos en isla Lennox. Con el agotamiento del recurso, sin embargo, la localidad fue perdiendo relevancia, quedando como un enclave aislado en el extremo sur del país.

Hoy, su conectividad refleja esa condición de aislamiento. El acceso se realiza principalmente vía aérea hasta Puerto Williams y luego por mar, a través de embarcaciones locales o un ferry que opera de forma mensual. Recientemente, la habilitación de un punto de posada para helicópteros -el más austral de Chile- busca mejorar su vínculo con el resto del territorio, en una zona donde la geografía sigue marcando los ritmos del desarrollo.

En la actualidad, la principal actividad económica del territorio se basa en la pesca artesanal, que básicamente la realiza población flotante, la cual asciende a 200 o 300 personas por temporada. Los habitantes permanentes principalmente son carabineros y gente que trabaja en la escuela o para la municipalidad.

Para el alcalde Patricio Fernández, Puerto Toro no es solo una localidad aislada, sino el origen histórico de la provincia. “Puerto Toro tiene más de 130 años de existencia, más que la misma comuna de Cabo de Hornos. Fue donde partió el comercio de la provincia y es un apoyo total al desarrollo de la región“, señala.

En su apogeo, hacia 1896, el poblado llegó a albergar cerca de 150 personas vinculadas a la extracción de oro y la riqueza forestal. Hoy, con la pesca artesanal como único núcleo económico activo, Fernández advierte que, sin conectividad aérea sostenida, sus habitantes seguirán sintiéndose olvidados: “Si no tiene esta conectividad, no se mantiene“.

Por más de dos décadas, el municipio de Cabo de Hornos ha debido asumir funciones básicas en Puerto Toro, desde el retiro de residuos hasta el apoyo en educación y servicios esenciales. Si bien se han impulsado mejoras como pasarelas o alumbrado, gran parte de estas soluciones han operado sin una regularización estructural, reflejando la dificultad histórica del Estado para instalar servicios permanentes en uno de los territorios más aislados del país.

A esto se suma un déficit crítico en infraestructura básica. Hoy se avanza en un proyecto de electrificación para abastecer a las cerca de 20 familias del sector, con sistemas comunitarios que buscan reemplazar la dependencia de generadores individuales.

Sin embargo, la conectividad sigue siendo uno de los principales problemas: el abastecimiento depende en gran medida de frecuencias mensuales y de servicios marítimos irregulares, lo que profundiza la sensación de aislamiento y desprotección en la comunidad.

En este contexto, la comuna reclama una presencia efectiva del Estado, particularmente en materia de transporte y fiscalización. La falta de servicios estables y de instituciones en terreno no solo dificulta la vida cotidiana, sino que instala una brecha estructural entre estos territorios y el resto del país, configurando una deuda persistente en materia de equidad territorial.

Blanca Garcés vive en Puerto Toro. Para ella, no se trata solo de tener una residencia, sino una decisión de vida. Con más de 15 años en la localidad, llegó por vínculos familiares -su esposo es uno de los pobladores más antiguos- y ha construido su historia en el lugar, alternando en algunos períodos con Punta Arenas y Puerto Williams por la educación de sus hijos. Descendiente del pueblo yagán, su arraigo en el territorio también tiene una dimensión cultural que trasciende lo cotidiano.

Hoy, su vida combina trabajo comunitario y emprendimiento local. Junto a su familia participa en labores de mantención del entorno para el turismo, y además lidera un pequeño refugio donde recibe a visitantes y prepara comida, siendo conocida por elaborar “las empanadas más australes”. Su relato también refleja los cambios del territorio: las últimas décadas pasó de ser una comunidad con decenas de niños y familias a una más reducida, donde permanecer allí implica convicción y adaptación constante.

Para Blanca, la vida en Puerto Toro tiene un ritmo propio que moldeó a su familia de maneras que la ciudad no habría permitido. Sus hijos aprendieron a pescar, mariscar y nadar en aguas heladas desde pequeños, asumiendo responsabilidades cotidianas como buscar agua, cortar leña, operar el generador, que en otro contexto habrían sido impensables para su edad. “La vida aquí ha sido muy positiva para mis hijos, porque les ha ayudado a ser más independientes y responsables en un entorno natural”, comenta Blanca.

Sin embargo, esa misma vida que ella defiende con convicción, hoy enfrenta límites concretos que el territorio no puede resolver por sí solo. La ausencia de un camino habilitado hacia Puerto Williams -un tramo que según Blanca no sería imposible de construir- se convierte en vulnerabilidad crítica cada vez que hay una emergencia médica y el tiempo no permite salir por mar ni es posible que llegue un helicóptero. “Si tuviéramos el camino, en menos de 45 minutos estaríamos en Puerto Williams“, señala.

Para Blanca, los cambios que se avecinan no son solo infraestructura: representan la apertura de un mundo nuevo. La habilitación de rampas y el avance del camino han comenzado a hacer concreto lo que antes parecía imposible. “Vamos a muy buen paso. El tipo de turismo que puede ofrecer esta zona es bastante único y especial”, afirma.

En su visión, Puerto Toro tiene exactamente lo que el turismo de experiencia extrema busca: silencio, naturaleza intacta y la sensación real de estar en el fin del mundo. Quienes ya han llegado a su refugio lo confirman. “Me dicen que quieren tranquilidad. Ver cómo vuelan las gaviotas. Sentir el viento“, cuenta.

Blanca no promete transformaciones inmediatas. Su proyección es honesta y por eso más creíble. Va a ir lento, pero va a ir seguro, dice. Y su invitación final lo resume todo: “Espero que la gente que tenga la oportunidad de leer esto, pueda llegar a lo más austral que es Puerto Toro. Es un pueblo muy chiquitito, pero dice muchas cosas cuando uno llega“.

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CHIC de Magallanes lidera estudios globales sobre marea roja

A través de la Universidad de Magallanes, el Centro Internacional Cabo de Hornos está levantando el primer Laboratorio de Marea Roja en Puerto Williams, el cual propone innovar en monitoreo sin tests biológicos.

  • El impacto de las floraciones de algas nocivas (FAN), como la marea roja, en Chile, es significativo y afecta no solo la salud pública con efectos letales, sino también actividades productivas clave como la pesca y la acuicultura, además de la vida de las comunidades costeras.

Episodios como la crisis de Chiloé en 2016 -que mantuvo paralizada la extracción de mariscos durante meses y provocó protestas sociales- evidencian la magnitud de sus efectos. Pese a ello, expertos advierten que aún no se le otorga la prioridad que requiere a nivel país.

Diversos estudios estiman que estos eventos pueden ocasionar pérdidas de hasta 32,7 % de la producción del sector pesquero, con costos que pueden superar los $ 700 millones, debido a la pérdida de biomasa cultivada, la disminución de exportaciones y la afectación de empleos asociados a estas actividades.

  • La Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, al ser una zona particularmente costera y ligada a este rubro, ha sabido acumular experiencias valiosas durante la última mitad de siglo. En ese sentido, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), dedicado a investigación científica subantártica y con sede principal en Puerto Williams, a través de la Universidad de Magallanes (UMAG), ha priorizado parte importante de su trabajo hacia esta área.
  • En ese contexto, el CHIC lidera actualmente la puesta en marcha del equipamiento para la investigación de la marea roja en Cabo de Hornos, lo cual adquiere un rol estratégico y viene a cerrar una brecha de investigación y social en el extremo austral del país.

Asimismo, la implementación del laboratorio fortalecerá el monitoreo local de la marea roja mediante el análisis de fitoplancton, la detección de toxinas y el seguimiento de variables ambientales clave. Además, proyecta avanzar hacia estándares internacionales de calidad e incorporar el estudio de contaminantes y toxinas emergentes -como las pinnatoxinas, aún no reguladas en Chile-, ampliando su impacto sanitario y científico en la zona.

¿Por qué es importante investigar la marea roja en la zona? El monitoreo de las FAN es una herramienta clave para prevenir intoxicaciones y reducir impactos económicos en el país. En Chile, este sistema implica una inversión relevante para sostener la vigilancia sanitaria y el control de productos contaminados, evitando consecuencias sociales y económicas mucho mayores.

La instalación de un laboratorio de marea roja en Puerto Williams responde, en primer lugar, a una brecha sanitaria evidente. La ciudad más austral del mundo es también la única capital provincial de Chile que no cuenta con esta capacidad básica de análisis, lo que limita la protección de la salud de su población frente a un fenómeno que puede generar riesgos graves y, en algunos casos, mortales.

A nivel productivo, contar con monitoreo local permitiría diversificar la extracción de recursos marinos y expandir el acceso a productos frescos, tanto para el consumo de la comunidad como para la oferta turística. En paralelo, el control de las floraciones algales nocivas cumple un rol clave en la bioseguridad del turismo subantártico y antártico, al prevenir la propagación de especies tóxicas en ecosistemas de alta fragilidad y valor ambiental.

Finalmente, la marea roja también tiene una dimensión cultural. El consumo de bivalvos forma parte de la dieta ancestral de comunidades como el pueblo indígena yagán, así como de recolectores y comunidades costeras huIlliches del sur del país. En ese contexto, el acceso a información y monitoreo no solo resguarda la salud, sino también prácticas tradicionales que son parte de la identidad del territorio.

El liderazgo global

Recientemente, la Universidad de Magallanes, el Centro CHIC y la Universidad Autónoma de México aunaron esfuerzos para realizar un proyecto conjunto que busca compartir experiencias en torno a la innovación en la detección de toxinas, en particular, sin uso de ensayos en animales. La iniciativa integra al sector público, la asociación gremial de pescadores y los investigadores.

  • Esta iniciativa se complementa con la red que integra desde el extremo sur del país la UMAG, el CHIC y el Instituto Milenio BASE. Se trata de la Red de Colaboración Iberoamericana para el Estudio de las Floraciones Algales Nocivas (RECOFAN), financiada por la ANID a través de su programa de vinculación internacional, que busca posicionar a Chile -y particularmente a Magallanes- como un nodo científico de referencia en esta materia.

Magallanes tiene experiencia en la investigación en marea roja y en la implementación de una política pública exitosa. Debemos avanzar en la innovación y la descentralización de las soluciones tecnológicas, para aportar a las comunidades aisladas, apoyar la diversificación de la pesca artesanal y monitorear el efecto de las floraciones algales en los territorios, y en particular en la economía. Para ello es clave la articulación entre academia, el sector privado, la pesca artesanal y las instituciones públicas, y recoger las experiencias internacionales”, señala Máximo Frangopulos, investigador de la UMAG, CHIC y Milenio BASE.

En esa línea, el investigador del CHIC destaca el rol de la red, que busca consolidar estándares internacionales de investigación, fortalecer la formación de especialistas y avanzar hacia una mayor capacidad de anticipación frente a eventos que tienen impactos directos en la salud pública y las economías locales.

Pese a los avances, uno de los principales desafíos sigue siendo la falta de masa crítica de investigadores dedicados a las mareas rojas en Chile y en la región. A nivel formativo, aún son pocos los estudiantes que optan por especializarse en esta área, lo que limita la capacidad de respuesta frente a un fenómeno que impacta directamente en la salud pública y en sectores productivos clave como la pesca y la acuicultura.

A esto se suma una brecha persistente en financiamiento para investigación aplicada. Si bien han existido iniciativas en el pasado, hoy no hay una línea permanente que aborde de manera estructural estos fenómenos, lo que dificulta avanzar en herramientas que permitan anticipar o mitigar sus efectos.

Se necesita que el Estado otorgue mayor prioridad y genere líneas de investigación que aborden estos fenómenos de manera urgente, porque el impacto que pueden tener es muy fuerte, especialmente en la industria acuícola y en las comunidades costeras”, advierte Máximo Frangopulos.

Además, el investigador agrega que “en este sentido, es destacable el respaldo que el Gobierno Regional ha dado a una de las iniciativas que hemos formulado, y que esperamos permita resolver la brecha en Puerto Williams: avanzar en la innovación para usar tecnologías que no requieren testeo en animales y diversificar la pesca artesanal, como lo ha planteado el gobernador regional Jorge Flies”.


Los temas que marcan esta edición dan cuenta de una región en transformación, donde el territorio, la ciencia, la economía y la soberanía comienzan a cruzarse con mayor fuerza. Magallanes no solo observa estos procesos: los está viviendo.

La invitación es a acompañarnos cada miércoles en este recorrido, desde el extremo sur, para entender cómo estos cambios se están configurando no solo para la región, sino también para el país.

Y quizás, en ese ejercicio, también acercarse -aunque sea un poco- a esa experiencia magallánica, donde el frío no solo se siente, sino que también forma carácter y sentido de pertenencia.

Si tienes comentarios o información que quieras compartir, puedes escribir a aquimagallanes@elmostrador.cl.

Hasta el próximo miércoles.


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