Lo que PISA 2025 revela sobre el vínculo pedagógico en Chile
Señor director:
La evaluación PISA 2025, aplicada a estudiantes de quince años en 222 establecimientos del país, evidenció una baja preocupante en Lectura y Matemática. En Ciencias Naturales, en cambio, Chile se mantuvo relativamente estable respecto a 2022, con 442 puntos.
Los resultados en este último ámbito revelan un hallazgo relevante: existe una valoración positiva de las y los estudiantes hacia el apoyo de sus profesores. Un 86% declaró que, en la mayoría de las clases de ciencias, el profesor o profesora muestra interés en el aprendizaje de cada estudiante, cifra que supera con holgura el promedio de los países de la OCDE (69%).
A esto se suma que un 80% señaló que su profesor sigue enseñando hasta que los estudiantes entienden (promedio OCDE: 66%), y un 81% indicó que recibe ayuda adicional cuando la necesita (promedio OCDE: 73%). En un contexto de resultados a la baja, este vínculo pedagógico aparece como un activo importante del sistema escolar chileno.
La evidencia indica que la práctica pedagógica es uno de los factores escolares con mayor incidencia en los aprendizajes, por lo que este compromiso constituye un punto de apoyo que debemos valorar y, al mismo tiempo, seguir fortaleciendo. Para ello, es necesario continuar generando oportunidades de formación y recursos que fortalezcan las prácticas docentes y amplíen las oportunidades de aprendizaje de las y los estudiantes, entendiendo que apoyar la labor educativa es una responsabilidad que compete a toda la sociedad.
A este vínculo pedagógico se suma otro aspecto a relevar: la disposición de los propios estudiantes. Un 75% está de acuerdo o muy de acuerdo en que es curioso sobre muchas cosas distintas, frente a un 73% en el conjunto de países de la OCDE. Además, un 73% declaró que aplica un esfuerzo adicional cuando el trabajo se vuelve desafiante (promedio OCDE: 60%).
Este no es un dato menor. PISA 2025 muestra que la curiosidad se relaciona positivamente con el desempeño en ciencias en todos los países y economías con datos disponibles, incluso después de considerar el nivel socioeconómico de estudiantes y escuelas, lo que refuerza la importancia de cultivar esta disposición. Sobre todo, es un llamado a generar oportunidades para que este impulso de querer saber, descubrir o entender algo, se traduzca en aprendizajes más profundos.
El desafío es aprovechar conjuntamente estos puntos de apoyo. Necesitamos incentivar y formar a las y los docentes para promover lo que la OCDE denomina activación cognitiva, es decir, prácticas que impulsen al estudiantado a pensar profundamente, explicar, relacionar ideas, argumentar, resolver situaciones no rutinarias y trabajar con evidencia. Se trata de generar las condiciones para que su compromiso encuentre en la curiosidad de niñas, niños y jóvenes un terreno fértil donde aprender más y mejor.
Jocelyn Catalán,
Jefa de formación Aprendizaje para el Futuro Fundación Chile