Entre deepfakes y la presión por las notas: ¿Qué educación estamos entregando?
Señor Director:
En un país donde la rendición de la PAES vuelve a encender las alarmas por cuadros depresivos que afectan al 35,2% de los estudiantes de enseñanza media (Defensoría de la Niñez), y donde las denuncias por violencia en las aulas aumentaron un 122% en la última década (Acción Educar), seguimos insistiendo en medir y controlar el aprendizaje con métricas del siglo XX.
La irrupción de la Inteligencia Artificial ha terminado por desmantelar la ilusión del control pedagógico. Con un 90% de los estudiantes utilizando IA en sus procesos formativos y más del 50% admitiendo ausentismo escolar al considerar que los contenidos ya están en la red, el modelo basado en la memorización de contenidos y evaluaciones por nota colapsó.
A esto se suma una vulnerabilidad digital sin precedentes: el reciente estudio de Norton revela que 8 de cada 10 padres en Chile temen que la IA sea utilizada para crear imágenes o conversaciones falsas (deepfakes) de sus hijos, mientras un 43% duda de que sus hijos puedan diferenciar entre contenido real y generado por IA.
Sin embargo, la respuesta del sistema ante la ansiedad escolar y la ciberdelincuencia suele caer en el mismo error: la receta punitiva y el hipercontrol. Mantener a los jóvenes quietos, callados y sometidos a la reprobación ante el error no detiene la violencia ni fomenta la ética digital; solo asfixia la energía vital y alimenta el resentimiento.
De cara al 2030, el Foro Económico Mundial proyecta que el 60% de las competencias más valoradas no serán la memorización ni la repetición, sino la resiliencia, la adaptación, la autogestión y la flexibilidad cognitiva. ¿Cómo pretendemos formar esas habilidades si seguimos evaluando sobre la base del miedo a equivocarse?
Es urgente un cambio de paradigma. La ética digital, el pensamiento crítico y la autorregulación se construyen a través de un modelo que promueva la “libertad dentro de los límites”, donde el error es un hito de aprendizaje y el aula es un espacio presencial para el debate, el autoconocimiento, la justicia y la toma de decisiones consciente.
¿Usted piensa que suena bonito? Es más que eso, es una realidad con evidencia demostrada tras 35 años de aplicación del método Montessori con cientos de jóvenes plenamente insertados en la educación superior y en el mundo laboral, que testimonian su paso por un modelo que muchos llaman “alternativo” pero que ellos consideran “fundamental” para su vida adulta.
María del Pilar Guzmán Bilbao,
directora Colegio Huelquén Montessori