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Gestión hídrica y tecnología: claves para la sostenibilidad agrícola Sostenibilidad

Gestión hídrica y tecnología: claves para la sostenibilidad agrícola

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Frente a la escasez de agua y los eventos climáticos extremos, expertos destacan la eficiencia en el uso del recurso, la innovación en riego y la colaboración público-privada como pilares para garantizar la seguridad alimentaria.


La crisis hídrica es una realidad que se extiende por todo el mundo, impactando de manera directa a la agricultura, uno de los sectores más vulnerables frente a la falta de agua. En Chile, el 80% del consumo de agua se destina precisamente a fines agrícolas. 

Según el último informe del Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de la ONU, el 74% de los países de América Latina y el Caribe, incluido Chile, enfrenta una alta exposición a eventos climáticos extremos como las sequías, lo que compromete la producción de alimentos y eleva los riesgos de inseguridad alimentaria.

El acceso al agua para riego se ha convertido en un cuello de botella para la producción agrícola. Cultivos esenciales como cereales, legumbres, hortalizas, frutas y oleaginosas requieren grandes volúmenes de agua para desarrollarse. Su escasez no solo reduce las cosechas, sino que también encarece el costo de una dieta saludable.

Uno de los efectos más críticos de la escasez hídrica es la reducción del acceso al agua para riego, lo que compromete la producción de cultivos esenciales como cereales, legumbres, hortalizas, oleaginosas y frutas, encareciendo el costo de una dieta saludable. Claudia Lataste, docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Chile comenta que “estos alimentos son muy importantes para una nutrición equilibrada”.

Cuando se afecta la producción agrícola por falta de agua, no solo se impacta la economía del campo, sino también la calidad de la alimentación de toda la población.

El rol de la eficiencia hídrica

El mismo informe de la ONU señala que, entre 2019 y 2023, la prevalencia de la subalimentación aumentó en 1,5 puntos porcentuales en los países más expuestos a la variabilidad climática, reforzando la necesidad de desarrollar sistemas agroalimentarios resilientes.

Para Heide Rosch, ingeniera agrónoma, “la disponibilidad de agua es un factor clave para cualquier tipo de cultivo, y su importancia es aún mayor en la actualidad, con una población mundial que supera los 8 mil millones. La escasez de superficie cultivable para satisfacer la creciente demanda se ha convertido en un desafío crítico”

Esa idea la refuerza Guillermo Donoso, director del Departamento de Economía Agraria de la Universidad Católica, quien destaca la necesidad de ir más allá de simplemente regar mejor. “Nuestro foco hoy está en la eficiencia en la aplicación del agua con tecnologías de riego. Algo necesario, pero también debemos apuntar a optimizar lo que llamamos la productividad del agua, es decir, las toneladas producidas por metro cúbico. Si mejoramos ese indicador, podremos producir lo mismo con menos agua”, señaló.

Tecnologías que transforman la forma de regar

Una de las respuestas más prometedoras a la crisis hídrica viene de la mano de la tecnología. En Chile y otros países, startups y centros de investigación están desarrollando sistemas avanzados de gestión hídrica que permiten usar el agua de manera más precisa y eficiente.

Emilio de la Jara, CEO de Capta Hydro, empresa dedicada a mejorar el uso del agua extraída de ríos, explica que “en la cuenca y sus recursos hídricos, tanto superficiales como subterráneos, persisten grandes desafíos tecnológicos por resolver. Ya sea ante sequías extremas o inundaciones repentinas, aún carecemos de información de calidad para tomar decisiones oportunas que garanticen la sostenibilidad a largo plazo de nuestra agricultura”.

El rol del Estado y del sector privado

La adopción de la tecnología requiere inversiones y una estructura institucional que facilite su implementación. Por eso, los expertos coinciden en que las soluciones deben ser compartidas entre el sector público y el privado.

“Los primeros responsables en la adopción de mejoras en el riego son los mismos agricultores, quienes se benefician directamente de estas iniciativas. Los costos tecnológicos pueden ser altos, por lo que es clave un balance entre la inversión privada y el apoyo estatal. El Estado debe respaldar a aquellos con menor capacidad financiera para adoptar estas tecnologías, asegurando su accesibilidad”, asegura Donoso.

Además, recalca que “optimizar el uso del riego también requiere una efectiva transferencia de conocimientos. En este sentido, tanto el Estado como los centros de investigación deben capacitar a los agricultores, mostrándoles prácticas mejoradas. Para lograrlo, es necesario financiamiento y programas de transferencia”.

En un escenario marcado por el cambio climático, la sobreexplotación de los recursos naturales y la presión demográfica, asegurar la sostenibilidad de la agricultura se vuelve una prioridad de escala global.

La crisis hídrica no es un fenómeno aislado ni una responsabilidad exclusiva del mundo rural. Afecta al sistema completo, desde los agricultores hasta las personas que los consumen en sus hogares.

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