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Judith Butler, la teórica de las disidencias: “Me parece que los años setenta vuelven” Entrevista

Judith Butler, la teórica de las disidencias: “Me parece que los años setenta vuelven”

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María José Quesada Arancibia
Por : María José Quesada Arancibia Licenciada en Filosofía. Coordinadora general en El Mostrador
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Es toda una eminencia en el terreno del pensamiento crítico, la teoría feminista y la filosofía política. Judith Butler, reconocida mundialmente por sus aportes al desarrollo de la teoría queer, en entrevista con El Mostrador, la filósofa aborda algunas problemáticas tales como el fenómeno de la derechización de la política, los mecanismos necesarios que podrían poner fin a la reproducción de la violencia hacia los grupos oprimidos y los desafíos del movimiento feminista en el escenario actual.


Judith Butler visitó el país en el marco del inicio de un nuevo año académico de la Universidad de Chile, instancia en la que también participó de variados encuentros y se le otorgó la distinción de Honoris Causa por dicha casa de estudios.

En estos días, también de visita en Argentina, Butler señala que “todo el resto del mundo está observando lo que pasa con el movimiento feminista de América Latina”.

La teórica post-estructuralista, quien ha dedicado parte de sus estudios a pensadores como Spinoza, Hegel, Freud, Foucault, Lacan y Derrida, se introdujo en el feminismo a través de Simone de Beauvoir. Publicó en 1990 “El género en disputa: feminismo y la subversión de la identidad”, el cual es considerado uno de los textos fundacionales de la teoría queer.

En conversación con El Mostrador, la connotada crítica y pensadora de lo complejo, quien nos invita a dejar de pensar en términos binarios y excluyentes, ante la pregunta de cómo debería actuar el movimiento feminista para generar cambios reales y no repetir los fracasos de los anteriores movimientos que finalmente fueron absorbidos por el neoliberalismo, señala no estar segura de aquella afirmación y que “todavía hay una fuerte ola de posiciones antirracistas, marxistas y anticoloniales que nunca fueron absorbidas por el neoliberalismo. De hecho, los nuevos feminismos se basan en muchas de las tradiciones más antiguas. Me parece que los años setenta vuelven”.

A partir de Butler el género será comprendido como una construcción social, en donde los modos de relacionarnos son a través de este imaginario social que se da a través de nuestras prácticas cotidianas. Al respecto comenta que “debemos aceptar el espectro de género, incluidos aquellos que viven dentro o fuera del binarismo. Las personas tienen muchos y diversos deseos, debemos encontrar un vocabulario lo suficientemente inclusivo como para abarcar esa complejidad. Aquellos que viven felices dentro del binarismo deberían simplemente aceptar que no todos lo hacen. Lo mismo para los que viven fuera”.

-¿Cómo se pone fin a la reproducción de violencia hacia los grupos oprimidos en una estructura social heteronormada que la genera y no vislumbra horizontes posibles de transformación?

-Tenemos que actuar en varias direcciones a la vez: cambiar la ley, hacer cumplir la ley, romper el pacto de hermandad que el hombre tiene para protegerse mutuamente cuando cometen violencia contra las mujeres; cambiar la cultura, incluida la educación, y establecer la igualdad social, económica y la libertad sin temor. Todo esto disminuirá la violencia contra las mujeres.

En relación al ejercicio del poder y las estrategias utilizadas por quienes lo detentan, en donde muchas veces los gobiernos ceden en aprobación de leyes en materias de avances culturales que permiten cohabitar de manera más civilizada, pero que sin embargo no se ve ninguna opción de transformación al modelo económico que nos mantiene en una desigualdad estructural, Butler dice que “el poder adquiere diversas formas culturales, sociales, económicas y geopolíticas. En general no creo que lo económico sea más importante que lo cultural. Para oponernos a ellas -(a las formas de poder)- tenemos que comprender todos sus aspectos. (…) Debemos formar alianzas que vinculen la opresión de género, la opresión de los disidentes sexuales, incluida la trans, con la crítica al poder autoritario masculino y el ataque que sufre la democracia en estas condiciones de neoliberalismo”.

– Por último, ¿cómo podría pensarse el feminismo en una sociedad andrógina?

-Tal vez vivimos en una sociedad donde el consumismo nos hace parecidos entre sí, al mismo tiempo que distinguimos nuestro “valor de mercado” y “capital humano” al mostrarnos lo diferente que somos unos de otros. No estoy segura que la sociedad deba moverse en dirección a la androginia. Eso no es posible o deseable para algunas personas. Mi sensación es que cuando las personas quieren el reconocimiento de su género o sexualidad es porque están luchando contra un ataque general. No siempre les gustan las categorías existentes y, por lo tanto, experimentan con el lenguaje para encontrar una vida más habitable. No es la política más radical o transformadora, pero algo radical está sucediendo ya que las categorías que se dan por sentado no son ni naturales ni necesarias.
No creo que el objetivo del feminismo sea superar todas las diferencias de género. Es encontrar la manera de realizar una sociedad gobernada por la libertad, la justicia y la igualdad. Una libertad que defendemos es ir más allá del binarismo. Pero no podemos prescribir eso para todos, ya que la receta puede resultar ser una construcción solo para algunos.

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