
Cuidar a las que cuidan: un desafío tecnológico y social
La tecnología puede reducir el estrés, aliviar la ansiedad y mejorar el autocuidado en cuidadoras informales, según una revisión de literatura que completamos recientemente (Aparicio et al., 2025). Este hallazgo es relevante dado el contexto actual, en el que las mujeres asumen una intensa carga física, emocional y social en labores de cuidado informal. Sin embargo, aunque los beneficios son claros, nuestra revisión también identificó importantes barreras que limitan la adopción efectiva de estas herramientas.
Sabemos que el cuidado informal es un trabajo invisible, pocas veces reconocido, realizado en su mayoría por mujeres, fenómeno que se repite en Chile (MICARE, 2023). Esta situación no solo tiene profundas raíces culturales, sino también claras implicaciones socioeconómicas. Muchas cuidadoras deben abandonar o reducir drásticamente su participación en el mercado laboral, lo que afecta directamente su autonomía económica y perpetúa desigualdades estructurales de género.
En este contexto, la tecnología surge como una herramienta prometedora para mejorar la calidad de vida de estas mujeres. Nuestra revisión de literatura indica que ciertas tecnologías, como aplicaciones móviles, plataformas digitales y dispositivos de monitoreo de salud, tienen el potencial de reducir significativamente el estrés, aliviar la ansiedad, mejorar la calidad del sueño y fomentar el autocuidado entre las cuidadoras informales. Estos beneficios se logran al facilitar tareas diarias, brindar acceso inmediato a información relevante, y permitir el fortalecimiento de redes de apoyo virtuales. La motivación de las cuidadoras también mejora al experimentar resultados tangibles en la salud y bienestar de las personas a su cuidado.
Sin embargo, para que estos beneficios potenciales puedan hacerse realidad, es crucial considerar las condiciones específicas en las que se desarrolla el cuidado informal en nuestro país. Alrededor del 40% de quienes cuidan informalmente reporta problemas físicos y psicológicos derivados directamente de su rol. Esta situación es crítica, especialmente considerando que, en promedio, se dedican entre 17 y 18 horas diarias a tareas de cuidado (MICARE, 2023). En estas condiciones, la posibilidad de encontrar y aprovechar soluciones tecnológicas se ve restringida. El estrés, la falta de tiempo y el agotamiento constante constituyen barreras que deben ser atendidas si queremos implementar soluciones tecnológicas.
A esto se suma una problemática estructural grave: la escasa capacitación formal y apoyo institucional disponible para las cuidadoras informales. Solo entre el 8% y el 15% de las personas cuidadoras ha recibido alguna vez capacitación formal relacionada con las tareas de cuidado, a pesar de que casi la mitad expresan interés por recibir dicha capacitación. Esta brecha en formación contrasta con la necesidad de desarrollar habilidades técnicas para manejar adecuadamente soluciones tecnológicas que podrían aliviar significativamente sus tareas cotidianas.
Además, la revisión señala barreras específicas relacionadas con el uso de tecnología. Muchas cuidadoras enfrentan estrés adicional derivado de fallos técnicos o problemas de conectividad. La complejidad técnica y la necesidad constante de actualización tecnológica también se destacan como obstáculos relevantes, particularmente para las cuidadoras mayores, quienes pueden mostrar resistencia al cambio generacional y dificultades para adaptarse rápidamente a nuevos sistemas.
Un aspecto central que se desprende de la revisión es la ausencia de estudios latinoamericanos sobre los impactos de la tecnología en el bienestar de las cuidadoras informales. Esta falta de evidencia local tiene implicancias significativas para Chile. Los contextos culturales, económicos y territoriales de América Latina, incluyendo las dinámicas familiares, la accesibilidad económica y la infraestructura tecnológica disponible, juegan un papel decisivo en la efectividad y adopción real de estas herramientas. Sin investigaciones situadas en nuestra realidad, corremos el riesgo de implementar soluciones tecnológicas importadas que podrían no responder adecuadamente a las necesidades reales y específicas de nuestras cuidadoras informales.
En conclusión, es claro que la tecnología tiene un gran potencial para beneficiar a las cuidadoras informales chilenas, ofreciendo importantes mejoras en su bienestar físico, emocional y social. Sin embargo, estos beneficios solo se harán realidad si la tecnología viene acompañada de un apoyo integral: capacitación formal continua, políticas públicas sensibles a la realidad territorial, redes sólidas de apoyo comunitario y, sobre todo, un enfoque explícito de género que reconozca las desigualdades estructurales subyacentes al cuidado informal.
Chile se encuentra en un momento clave para abordar esta problemática desde una perspectiva integral. Por ello, hacemos un llamado urgente a autoridades políticas, instituciones académicas y a la sociedad civil para trabajar conjuntamente en la construcción de una política pública de cuidados que incluya la tecnología como un componente esencial. Reconocer, apoyar y mejorar las condiciones de vida y trabajo de quienes cuidan constituye un acto fundamental de justicia social. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad más equitativa, solidaria y consciente de que cuidar a quienes cuidan es, finalmente, cuidar el futuro de todas y todos.
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