Publicidad
Reseña: «El Descubrimiento de la Pintura» de Jorge Edwards

Reseña: «El Descubrimiento de la Pintura» de Jorge Edwards

Publicidad

«Lo adquirí y lo leí ‘de un tirón’, pues resultó ser una narración escrita con la sencillez y amenidad, características del autor».


Ver este libro en vitrina fue para mí una sorpresa, pues me imaginaba al autor enfrascado en el segundo volumen de sus memorias y, ahora, en vez de ese esperado segundo tomo, nos aparece sorpresivamente (para mí) este libro.

Lo adquirí y lo leí “de un tirón”, pues resultó ser una  narración escrita con la sencillez y amenidad, características del autor.

La lectura me permitió colegir (puedo estar equivocado) que el tema mismo del libro, la historia de un pariente lejano, puede haber salido a luz con motivo de los estudios y recuerdos del autor necesarios para el segundo volumen de sus memorias. Y, por su trascendencia para él, este personaje bien merecía un libro especial.

El personaje de marras se llamaba Jorge  Rengifo Mira, descendiente directo de Manuel Rengifo, el destacado Ministro de Finanzas de los tiempos de Portales y por el lado materno  era sobrino de las famosas hermanas Mira, notables pintoras, cuyas obras son muy difíciles de encontrar en la actualidad. Con la madre del autor era primo en segundo grado.

En  la familia lo apodaban Fonfo o Rengifonfo. Trabajaba en el depto. de cerrajería de una importante empresa. Tenía buena facha, pues era alto, de ojos celestes, aunque su vestimenta era “bastante gastada”. No olvidemos que era un simple empleado de  oficina que, obviamente, no podía darse muchos lujos. Era además soltero. Sus grandes aficiones eran la música selecta (Mozart, Schubert, C. Franck, entre otros) y la pintura que practicaba los fines de semana, yendo a pintar a lugares cercanos a la ciudad. Los domingos en la tarde solían efectuar sesiones musicales en casa del autor, que a todo esto era un niño, dirigidas por su hermanastro mayor  José Clodomiro.

Volviendo a la pintura, Fonfo siempre exponía obras en el palacio de La Alhambra, pero parece que sin mucho éxito. Aparentemente Fonfo nunca estudió pintura e incluso pudiendo hacerse asistir por sus tías Mira, nunca recurrió a ellas…”quizás descubrió su arte en el interior solitario de sí mismo”,  nos dice el autor.

Fueron  pasando los años y un buen día nuestro buen Fonfo contrae matrimonio con una viuda cuyo cónyuge la había dejado bastante bien patrimonialmente. Además era jueza jubilada. Esto naturalmente le cambió la vida a Fonfo y muy pronto el matrimonio se fue a Europa, donde nuestro personaje se embelesó viendo las pinturas en  todos los grandes museos europeos, particularmente “Las meninas” y “La Venus del espejo”, de Velásquez, en el Prado,  cuadros que, junto a otros  de similar  calidad lo dejaron sobrecogido. Y así, naturalmente, tantas otras pinturas que tuvo ocasión de ver en distintos museos hasta la saciedad. Todo esto se lo relató al autor, ya abogado, una vez vuelto a nuestro país con su mujer, después de algunos años que habían dejado de verse.

Parece ser, eso sí, que esta ida a Europa le jugó a nuestro personaje una mala pasada: después de contemplar tanta maravilla, se sintió incapaz de seguir pintando. Este “descubrimiento de la pintura” lo abrumó.

Fonfo  poco después falleció, pero dejó en el autor un recuerdo imborrable  (el personaje inolvidable)… “una de las claves de mis años maduros”, dice el autor.

Libro tierno y ameno dedicado a todo un personaje digno de este libro.

Publicidad

Tendencias