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Carlos Basso y nuevo libro “Nuestro pedacito de cielo”: “El Tren de Aragua es como una metástasis” CULTURA

Carlos Basso y nuevo libro “Nuestro pedacito de cielo”: “El Tren de Aragua es como una metástasis”

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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“Nuestro pedacito de cielo”, del escritor y periodista Carlos Basso, se presentará este sábado en la Ferial del Libro de Vitacura. El libro detalla quiénes son los miembros del nuevo crimen organizado, cómo y por qué llegaron a Chile, y su vínculo con los delincuentes locales.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El libro “Nuestro pedacito de cielo” del periodista Carlos Basso aborda la llegada y asentamiento del Tren de Aragua y otras organizaciones criminales en Chile. Basso destaca que Chile se convirtió en un “pedacito de cielo” para estas bandas, evidenciado por la presencia de miembros clave, como Cheison Guerrero, medio hermano del líder Héctor “Niño” Guerrero. La masiva migración venezolana durante la pandemia facilitó su ocultamiento. Expertos coinciden en que el crimen organizado ya se ha establecido en el país, introduciendo delitos antes inusuales como el sicariato y la extorsión.
Desarrollado por El Mostrador

¿Cómo llega a Chile el Tren de Aragua y otros grupos criminales? ¿Quiénes lo componen y por qué eligieron nuestro país? ¿Cómo pilló su llegada a las policía y a la Fiscalía?

Estas y otras cuestiones abarca el libro “Nuestro pedacito de cielo”, del escritor y periodista Carlos Basso, que presentará la obra este sábado en la Ferial del Libro de Vitacura (Centro Lo Matta Cultural, Av. Kennedy 9350), a las 13:30 horas.

El libro nació a partir del reporteo cotidiano que hace Basso en El Mostrador sobre las temáticas de crimen organizado y la subsecuente necesidad de ordenar y sistematizar toda esa información y mucha otra.

“A mi juicio daba cuenta de que estábamos ante un fenómeno nuevo, a algo que no obedecía simplemente a un problema de percepción, y que además era y es un camino muy peligroso para un país como Chile, donde antes no eran habituales fenómenos como el tráfico de personas, el sicariato, el secuestro o la extorsión a comerciantes”, cuenta Basso.

Su paraíso

El propio título alude a un comunicado interno del Tren de Aragua, en el cual decían que Chile “es nuestro pedacito de cielo”, aludiendo no solo al himno nacional, sino a la importancia que representa el país para dicha organización criminal transnacional.

En nuestro país la entidad “encontró un campo fértil donde establecerse, a tal punto que, como lo hemos contado en el diario, uno de sus fundadores se trasladó a vivir a Santiago y no solo eso, sino que también se vino a vivir a Chile Cheison Guerrero, medio hermano del líder máximo del grupo, Héctor ‘Niño’ Guerrero, así como otros familiares, como lo descubrieron los detectives que investigaban una serie de crímenes en Talca”.

“Eso evidencia lo seguros que se sentían acá y la convicción de que, como efectivamente sucedió durante varios años, podían pasar inadvertidos, ocultándose detrás de la diáspora venezolana que llegó al país”.

Hay que recordar que la población venezolana pasó de unas 8.000 personas en 2015 a 500.000 en 2022, según el Departamento de Extranjería.

“El gran detonador fue la pandemia, que llevó a cientos de miles de migrantes a desplazarse desde Venezuela y otros países a dos destinos principales: Estados Unidos y Chile. El problema con Estados Unidos es que la ruta a pie considera un paso extremadamente peligroso, que es la selva del Darién, y por ello muchos optaban por Chile”, cuenta Basso.

Agrega que la pandemia también tuvo una incidencia esencial en que no solo subieran en forma importante los precios de las drogas, sino que mucha producción de marihuana creepy colombiana, por ejemplo, no pudiera ser embarcada a Estados Unidos o Europa, con lo cual se produjo una sobreabundancia de esta en Chile, donde cada tantos meses se descubrían embarques de entre una y cuatro toneladas.

“El estallido social tuvo un efecto colateral, diría yo, en lo que dice relación con la relajación de las normas en todo aspecto, pero además en algo muy importante: en que casi todos los carabineros del país estaban dedicados al control del orden público, las fronteras quedaron muy desprotegidas, entre otros hechos”.

Características

Basso detalla que una de las características de este fenómeno es la descentralización.

“Antes, el crimen organizado estaba solamente en las grandes ciudades de país y generalmente asociado al narco. Hoy, sin embargo, hay agrupaciones criminales de corte internacional establecidas en pequeñas comunas, porque para ellos cualquier lugar que no esté ‘colonizado’ por otra banda es atractivo como mercado criminal”, explica.

Asimismo, las características más visibles son las que dicen relación con un uso indiscriminado de la violencia y la irrupción de nuevos delitos, “de los cuales el más llamativo a mi gusto es el control territorial depredatorio”.

Basso explica que antiguamente, en los territorios dominados por pandillas de traficantes, lo habitual era que el “padrino” del sector fuera una figura conocida por su generosidad, que organizaba la fiesta de fin de año de los niños, que prestaba dinero a los vecinos enfermos, etc., gracias a lo cual “fidelizaba” a los pobladores, permitiendo que algunos de ellos -por ejemplo- prestaran sus viviendas para la guarda de las drogas, o defendieran al “padrino” ante las redadas policiales.

Sin embargo, organizaciones como el Tren de Aragua, Los Gallegos, Los Pulpos, Los Trinitarios o los Shottas colombianos lo que hacen es que toman el control completo del sector, del cité o del o los edificios que controlan, vendiendo o arrendando inmuebles “que por supuesto no son de ellos”.

Además cobran agua, luz e incluso internet, además de “vacunas” (impuestos extorsivos) a quienes ejercen alguna actividad económica allí, ya sea la persona que vende huevos en el sector, un cartero o cualquiera otra. “En otras palabras, se convierten en las autoridades absolutas del sector y no trepidan en matar para mantener el dominio de esos sectores”.

“De hecho, pocas personas entienden -como se relata en el libro- que el homicidio del suboficial de Carabineros Daniel Palma tiene su origen en una denuncia por disparos, que se produjeron cuando miembros del Tren de Aragua atacaron a tiros al administrador de un cité ubicado a pocas cuadras del centro de Santiago, pues querían controlar por completo la vivienda. Fue debido a esos disparos que el suboficial Palma acudió al procedimiento a bordo de su moto y fue asesinado de un disparo apenas fue visto por los homicidas”.

El Tren de Aragua se ha instalado en muchos asentamientos urbanos precarios. Crédito: Cedida.

Llegada a Chile

El libro además detalla que la llegada del grupo ha sido un proceso gradual, que lleva varios años.

“El primer miembro del Tren de Aragua de quien sabemos su fecha de ingreso a Chile -que curiosamente ingresó a Magallanes desde Argentina- lo hizo en 2017. Larry Álvarez, el líder que te mencionaba antes y que actualmente está detenido en Colombia, llegó en 2018″.

Sin embargo, la verdadera eclosión se produjo durante la pandemia, cuando se establecieron casi al mismo tiempo en Chile, sobre todo en el norte, el Tren de Aragua y varios de sus grupos asociados, como Los Gallegos y Los Orientales, así como -en Antofagasta- Los Shottas y Espartanos colombianos, mientras que en la Región Metropolitana, además de todos los anteriores, se asentaron Los Pulpos peruanos y los Trinitarios, de origen dominicano.

Según el autor, el Tren de Aragua tiene como su principal negocio el tráfico y trata de personas, y es por ello que, con las fronteras cerradas en todas partes, su negocio ilícito de tráfico de migrantes, conocido como “Tours Casa Blanca” al interior del grupo, eclosionó.

El grupo además se vio beneficiado por el deterioro de la situación en Venezuela, dado que controlaba prácticamente todas las “trochas”; es decir, pasos clandestinos, desde la frontera de México con Texas y hasta Chile.

“Es por eso que lo primero que hicieron al establecerse acá fue apoderarse del tráfico de migrantes entre Colchane y Pisiga. Hay testimonios, que están en el libro, de migrantes que cuentan que en una especie de hotel que manejaba el TDA en Pisiga, al lado boliviano, había cada día entre 50 y 100 migrantes, cada de uno de los cuales pagaba cifras superiores a los mil dólares para llegar allí”.

La justicia investiga si el ex militar Ronald Ojeda fue asesinado por miembros del Tren de Aragua en Chile.

Nacionalidades

La obra también detalla que en estos grupos criminales hay distintas nacionalidades, como venezolanos, colombianos, peruanos, etc., que son los que en su mayoría llegaron con estas metodologías criminales desconocidas en Chile.

“Casi todos son muy jóvenes. El promedio de edad en el Tren de Aragua son 20 años. De ese modo, si uno saca la cuenta, podrá entender que un sicario de esa edad que viene desde Venezuela es alguien que nació y creció bajo el chavismo y quizá eso explique el apetito que tiene por poseer determinados objetos: zapatillas y ropas Nike o Jordan, relojes de alta gama, cadenas de oro, por ejemplo”, aventura Basso.

Y señala que independiente de los vínculos del TDA con la inteligencia del gobierno de Nicolás Maduro, “que son innegables y quedan en evidencia, por ejemplo, en el secuestro y homicidio del teniente Ojeda, son como el hijo rebelde de la revolución socialista, pues lo único que quieren es ganar dinero y tener bienes de consumo, aquellos que son inaccesibles en Venezuela a la gente común o que no forma parte de la dirigencia del régimen”.

En cuanto a sus comunicaciones, “como son también muy jóvenes, en la mayoría de estos grupos las comunicaciones ni siquiera son por Whatsapp, sino por instrucciones o comunicados -como el que da origen al título- que se difunden por medio de historias de Instagram, que se van publicando en cuentas creadas ad hoc para ello, con muchos emojis con significados específicos”.

“Asimismo, son organizaciones donde la disciplina se impone por medio de las armas. Buena parte de los cuerpos que aparecen amortajados o quemados en algún camino semirrural de Santiago, Concepción, Talca o el cerro Chuño de Arica son miembros del algún grupo que han sido acusados de quedarse con dinero o de ser indisciplinados”.

Otro detalle importante es que, en el caso del TDA o Los Gallegos, si bien son grupos muy verticales en lo jerárquico, incluso los jefes están obligados, por ejemplo, a vender drogas al minoreo, igual que los “perros” -como se denomina a lo que en Chile conocemos como “pilotos”- de menor rango, explica Basso.

Carlos Gómez Moreno, más conocido como “Bobby de Cagua”, acusado de haber dirigido en persona el ataque en contra de miembros de “Los Orientales” en Batuco, a inicios de 2023, fue arrestado en Colombia. Crédito: Cedida

La elección de Chile

La elección de Chile como destino también tiene varias explicaciones, pero para Basso la principal es que como se trata de organizaciones dedicadas al tráfico de migrantes, el TDA y otras se vinieron a Chile, Perú y Colombia, siguiendo a sus connacionales, “que les tienen pánico y que son, por ende, víctimas muy dúctiles”.

Sin embargo, no se asentaron en Argentina, donde tienen una presencia muy menor, debido a que los países antes mencionados poseen economías sólidas y algo fundamental para ellos: el dólar es estable, lo que no sucede en Argentina, asegura.

“Como ellos transan todo en dólares -con los cuales compran criptomonedas, entre otras formas de lavado de activos- Argentina no ha sido en los últimos años un lugar atractivo para las organizaciones criminales transnacionales, pero no tengo dudas de que si en algún momento se llegara a estabilizar la situación, van a poner sus ojos sobre ese país”.

Vinculación con la criminalidad chilena

En cuanto a cómo se vincularon estos grupos con la criminalidad chilena, para Basso hubo tres etapas.

La primera es la de dominación, como sucedió en el cerro Chuño de Arica, un lugar tradicionalmente colonizado por narcos chilenos, que fueron expulsados de allí por medio de una violencia extrema.

El libro, de hecho, parte contando la historia de dos traficantes chilenos cuyos teléfonos estaban intervenidos por la PDI. Esos dos narcos estaban aterrorizados por la irrupción de una banda de venezolanos que estaba relacionada con un tal “Niño” Guerrero.

“Hasta hoy en día nadie sabe si esos narcos chilenos están vivos o muertos, pero nunca se los ha vuelto a ver o escuchar desde aquellas conversaciones, a inicios de 2022”, cuenta Basso.

Y no son los únicos narcos desaparecidos. En distintas ciudades se cuentan historias de traficantes que dejaron de ser vistos apenas llegó el Tren de Aragua o Los Trinitarios “disparando a diestra y siniestra”.

Una vez conquistado el territorio se produjeron alianzas, que es la segunda fase.

En el sur, en Concepción, Los Angeles o Lebu, es común que grupos narcos chilenos subcontraten al Tren de Aragua o alguno de sus facciones asociadas o franquiciadas, para tareas de protección o sicariato. Por eso, según el autor, cada vez es más frecuente que cuando la PDI o Carabineros desbarata una nueva célula haya chilenos insertos en ella, por lo cual hay un traspaso de técnicas y conocimientos criminales.

La tercera fase, “que es donde hay que poner más ojo, es en ese traspaso de conocimientos, pero a nivel carcelario”.

“Solo contamos con una verdadera cárcel de alta seguridad y ello llevó a poner allí, por ejemplo, a los dos primeros hermanos Antihuén que fueron detenidos por el salvaje homicidio de tres carabineros en Cañete, el 27 de abril del año pasado2.

Hace unos días, cuando cayó el tercero, Tomás Antihuén, sin embargo, fue enviado a la cárcel de Concepción.

“No conozco los motivos exactos para no mandarlo junto a sus hermanos, pero presumo que tiene que ver con el hecho de que cuando los dos primeros llegaron al Repas en Santiago, donde están los líderes del Tren de Aragua, de Los Pulpos, Los Shottas y otros grupos, fueron recibidos como unos verdaderos héroes y no me cabe duda de que si el perfil criminógeno de ellos ya era muy complejo, el contacto de con otros sujetos de un altísimo nivel delictivo no es una buena noticia para este país”.

Un motín del Tren de Aragua en 2024 en la ex Penitenciaría. Crédito: Cedida

¿Y las policías?

Finalmente, en cuanto a la reacción del aparato de persecución criminal en su conjunto, lo que incluye a la PDI y a Carabineros, pero también a la Fiscalía, a Gendarmería, al Poder Judicial y a otros organismos como el SII, Aduanas o la UAF, a juicio de Basso los encontró totalmente desprevenidos y en varios casos con jefes que reaccionaron “a la chilena”, “es decir, negando lo que era evidente o esgrimiendo el viejo lugar común del caso aislado”.

“Creo que se perdieron varios meses en medio de esa especie de negación de la realidad, pero sin perjuicio de ello, como siempre sucede aquí y en todo el mundo, hubo personas valientes -fiscales, detectives, carabineros, gendarmes y algunos jueces- que actuaron a contra corriente y permitieron que avanzaran varias investigaciones, lo que muchas veces hicieron mucho más allá de lo que lo que les era exigible”.

En ese sentido, cuenta que si uno lo mira cuantitativamente, ha habido investigaciones muy exitosas, pues están presos cientos de miembros del Tren de Aragua, de Los Gallegos, de Los Pulpos, Los Trinitarios e incluso ya hay algunas condenas en uno de los fenómenos más peculiares, como el caso de los Hell’s Angels de Santiago, que cometieron un secuestro, entre otros delitos.

“Sin embargo, cuando uno conversa con los expertos en estos temas, con quienes investigan, lo que menos cunde es el optimismo, pues no en vano uso al inicio del libro la comparación entre este nuevo crimen organizado con una metástasis, que cuando avanza es muy difícil de ser extirpada”.

El gobierno de Donald Trump ha enviado a miembros del Tren de Aragua a una cárcel en El Salvador. Crédito: Cedida

En cuanto al futuro, no luce alentador.

“Casi todos los expertos con que he conversado creen que es un fenómeno que ya se asentó y que va a ser muy difícil que algunas colonias muy numerosas en el país, como la peruana o la venezolana, venzan el miedo que han tenido históricamente a los extorsionadores y comiencen a denunciarlos”, cuenta.

“Asimismo, como lo indicaba Pablo Zeballos en una entrevista que le hicimos en el diario, hay que tener en cuenta que, a diferencia de lo que se cree, una estabilización en el número de los homicidios no significa necesariamente más paz social, sino que puede ser que alguna banda ya haya logrado el control territorial completo en un sector determinado y, por ende, ya no necesite matar del mismo modo que lo hacía cuando estaba en ‘guerra’ con otro grupo”, concluye.

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