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Experto y posible nueva Constitución: “Lo más importante es abandonar la lógica de trinchera” CULTURA Crédito: Agencia UNO (imagen referencial)

Experto y posible nueva Constitución: “Lo más importante es abandonar la lógica de trinchera”

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Andrés Aguirre Mauriz
Por : Andrés Aguirre Mauriz Periodista, creador y editor de contenidos
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“Nunca debería abandonarse la vocación democrática, a pesar de los enormes obstáculos que es necesario superar para lograr los cambios deseados”, afirma el abogado Crisóstomo Pizarro, quien escribió el libro “La esperanza frustrada” junto al historiador Esteban Vergara.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El abogado Crisóstomo Pizarro y el historiador Esteban Vergara publicaron “La esperanza frustrada”, un análisis del proceso constitucional chileno entre 2019 y 2023. En la obra, destacan cómo los extremos ideológicos impidieron alcanzar consensos para una nueva Constitución. Pizarro enfatiza la necesidad de abandonar la “lógica de trinchera” y mantener una vocación democrática, a pesar de los obstáculos. El libro ofrece una visión detallada de los desafíos políticos e institucionales enfrentados durante el proceso.
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El libro “La esperanza frustrada, maximalismos doctrinarios versus consenso constitucional democrático en Chile. 2019-2023”,  escrito por Crisóstomo Pizarro y Esteban Vergara, y editado por Ediciones PUCV, es imponente: 565 páginas sobre los riesgos de la democracia, los derechos sociales la importancia de los debates que se suscitaron en este proceso, así como también propuestas políticas e institucionales para el futuro.

Un texto cuidadosamente estructurado y escrito en un estilo llano —no obstante, hay algunos tópicos más difíciles que otros, como es natural— compuesto de siete grandes partes, cada una de ellas con varios capítulos.

Su objetivo es, como lo dice el título, explicar y describir de manera comparativa —en un tremendo esfuerzo de memoria constitucional, política y jurídica—, los maximalismos doctrinarios, de izquierda y derecha, que en dos oportunidades no nos permitieron alcanzar un consenso constitucional.

Hoy, poca gente se acuerda – y me temo que a muchos poco les importa –que el país invirtió una cantidad enorme de recursos en dinero y energía humana para fracasar dos veces seguidas en el intento de tener una nueva constitución. Algo que, en la medida que pasa el tiempo, se puede mirar perfectamente como una opereta tragicómica, pero también como una gran lección política.
Para explicar y explicarse este resultado harto incomprensible para la mayoría de la ciudadanía, Crisóstomo Pizarro y Esteban Vergara construyen un relato impecable de filosofía política, jurídica e institucional.

Pizarro es abogado de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Master en sociología por la Universidad de Columbia, PhD. en Ciencias Políticas por la Universidad de Glasgow, y Director Ejecutivo del Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso.

Por su parte, Vergara es historiador de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Dr. (c) en Estudios Americanos por la Universidad de Santiago y Secretario Ejecutivo del Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso.

Inagotable

El material de este libro es tan interesante como inagotable. Un trabajo de grandes proporciones que sin duda será un material ineludible para comprender mejor el proceso del cuál trata. Por lo mismo, hemos creído necesario tener una visión más personal de los autores sobre los temas y las dudas que surgen de este libro, y entrevistamos a Crisóstomo Pizarro, uno de sus autores.

– Señor Pizarro, hoy pareciera que a nadie le interesara ya el tema constitucional, los políticos están en campaña y la gran mayoría de la gente sobrevive en un sistema segregado socialmente, consumidos por el consumismo, con precios que no paran de subir y donde las provisiones del Estado son insuficientes.  Pese a ello, se dedicaron por tres años a intentar comprender el proceso constitucional chileno. Al respecto, ¿Cuáles fueron las razones de los fracasos de la Convención y el Consejo Constitucional?

– Ambos procesos mostraron lo que ocurre cuando hay una incapacidad para comprender que no existe oposición entre los derechos de libertad y los derechos sociales. Estos son complementarios y forman parte de un todo indivisible, lo que, por cierto, no fue tenido en cuenta por los sectores maximalistas de la Convención y el Consejo.

Por otra parte, quedó en evidencia la incapacidad de los extremismos doctrinarios para distinguir entre la reforma constitucional y un programa de gobierno. Presumimos que los votantes prefirieron el acuerdo democrático a la guerra entre trincheras ideológicas divididas en su interior y entre ellas, las cuales aparentemente estarían más interesadas en el triunfo electoral que en la búsqueda de un acuerdo sobre la sociedad deseable consistente con una clara apreciación de las libertades liberales y el progreso de los derechos sociales.

– ¿Y qué podría rescatarse, entonces?

– Un acierto que vale destacar es que el texto emanado de la Convención Constitucional establecía plazos para la implementación de las garantías de los derechos sociales. Esto obligaba a los legisladores a despachar proyectos de ley que permitieran crear la institucionalidad encargada de velar por el cumplimento de estos derechos. El texto del Consejo Constitucional, en cambio, reforzaba los derechos patrimoniales, en especial el derecho de propiedad, lo cual no fue observado en el caso de los derechos sociales.

Por otra parte, y pese a la diferencia de las propuestas, se puso de relieve la importancia de la constitucionalización de los derechos sociales y se valorizaron las políticas relacionadas con el medio ambiente.

A partir de estas experiencias ¿de qué forma debería abordarse un hipotético nuevo proceso constituyente?

– La elaboración de un nuevo texto constitucional debe estar basada en la legitimidad de los acuerdos democráticos, lo que, por cierto, puede tomar la forma de asamblea, convención, consejo, o como se le denomine.

Por otra parte, también es necesario recoger el saber de los expertos, pero este no puede estar circunscrito a los profesionales del derecho, sino que debe abarcar otros saberes provenientes de las ciencias sociales, la historia y la filosofía. Esto da lugar a lo que denominamos como enfoque transdisciplinario.

Sin embargo, como ya dijimos, lo más importante, absolutamente, es abandonar la lógica de trinchera de la discusión partidista y centrarse en la construcción de un amplio acuerdo de lo que debiese ser una sociedad justa y buena.

Además, como algunos autores lo han señalado, es necesario colocar en uno de los primeros lugares la “madre de todos los consensos”, que es que todas las partes concurran en la elaboración de un pacto fiscal que señale en forma expresa cómo se financiarán todos los derechos fundamentales, esto es los derechos de libertad y los derechos sociales.

– Finalmente, ¿Cómo creen que quedarán estos procesos revisados hacia el futuro?

– Chile ha tenido una larga historia de conflictos políticos que han sido resueltos por medio de la violencia: el período de organización de la república en la década de 1820, la guerra civil de 1891, la crisis política de 1924-1932 y el golpe de Estado de 1973 y la resultante dictadura militar.

A diferencia de todos ellos, la crisis de octubre de 2019 fue procesada por el sistema político mediante dos procesos constitucionales, independientemente de que ambos hayan fracasado en el objetivo de aprobar una nueva constitución.

Por lo mismo, nunca debería abandonarse la vocación democrática, a pesar de los enormes obstáculos que es necesario superar para lograr los cambios deseados. El cambio constitucional dirigido a democratizar la sociedad nunca puede usar medios violentos. Debe haber una coherencia entre los fines perseguidos y los medios empleados.

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