
De la resistencia y Mon Laferte
Hablar en este país tiene costos, lo sabemos y es probable que por eso la crítica especializada de artes visuales es cada vez más inexistente, porque ya nadie quiere pelear con nadie, y nadie quiere que la o lo bloqueen, veten o funen a raíz de las críticas que pueda realizar.
Vamos a hablar de Mon Laferte. La verdad es que ya lo hice una vez, para apoyar el mural que ella realizó en Valparaíso y que querían censurar. Y hasta ahí, la cantante iba muy bien situada: una pequeña exposición en una galería porteña (gran apoyo para este espacio comercial, sin dudas), y una forma de volver a Chile, reconectando con su región de origen. El mural, finalmente, no se borró.
Hace un par de años, realizó una exposición de acceso gratuito en el GAM. Leonardo Portus, en una columna publicada en Artishock, señala que ésta es una sala expositiva de difícil acceso para las y los artistas, y concuerdo plenamente con él; no es un espacio fácil de financiar ni de producir, tanto por el formato, como por la forma en que se puede solicitar el lugar. Mon Laferte, quien ha señalado no tener problemas de financiamiento en el programa español La Resistencia en 2023, luego de bromear diciendo que tiene muchas cuentas, agrega: “Soy millonaria. Muchísimo (…) mal, demasiada, cago plata (…) no sé cuánta plata tengo, más de lo que tenía antes teniendo en cuenta que era una chica que vengo de un barrio muy popular”, asumimos, por lo tanto, que no tiene problemas para financiar, producir o contactar con espacios expositivos. Pero aún así, hasta ese momento íbamos bien, la muestra era gratuita, con un gran culto al ego, pero ahí llegaba y nadie la comentó formalmente en esa oportunidad.
Ahora, este año, sí, fue insólito. Mon Laferte realizó una exposición en Matucana 100, “Autopoética” y en el Parque Cultural de Valparaíso, “Te amo”, cobrando entrada en ambas instituciones (se podía pagar en cuotas, gracias a dios). Hay que decirlo, a varias personas que trabajamos en arte visual nos pareció absolutamente ofensivo este cobro de entrada.
Las artes visuales son precarias en Chile y en Latinoamérica. Se trabaja con mucho esfuerzo y sacrificio, prácticamente, gratis. Los fondos concursables no permiten un sueldo mensual digno. Muchas veces no permiten financiar la exposición completa y hay que recurrir al bolsillo personal o ajeno. Y nadie cobra entrada. Pero es que con lo difícil que es llevar personas a las exposiciones y generar buenos números, es sumamente impensado cobrar entrada, es una barrera de acceso que, por lo mismo, fue eliminada desde la DIBAM, porque la idea es democratizar el acceso al arte, no limitarla. Pero no, pareciera ser que a Mon Laferte se le olvidó cómo es la vida en Chile y que, probablemente, en su propia infancia no hubiera logrado financiar su propia entrada; y, así mismo, olvidó cuál es la realidad de sus millones de fans. La gente en Chile, hoy, no tiene plata y menos para el arte porque nunca ha sido una prioridad para el público general.
En cuanto a los espacios, conocemos e identificamos la precariedad con la que trabajan, siempre al debe con los presupuestos que no les alcanzan para financiar la producción de su programación anual y esperando los resultados de Fondart para calendarizar. Parece comprensible que acepten exposiciones con financiamiento externo, la verdad, tiene muchísimo sentido porque realmente tienen pocas opciones para llenar el calendario. Sin embargo, al revisar los logos de las exposiciones en el Parque Cultural de Valparaíso, podemos ver que se encuentra el de la UNESCO, Banco Estado, Valparaíso, y el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio; y en Matucana 100, la producción de BBO (¿Beatríz Bustos Oyanedel?, ¿la curadora de la muestra?), nuevamente el mismo Ministerio, con colaboración del Artequín y Fundación de Artesanías de Chile, ¿habrá sido solo financiamiento privado el de la exposición?
Pero bueno, además del financiamiento creo que la crítica fuerte, es la que señala Portus en la columna, ¿qué pasa con la carrera del artista chilena/o que se esfuerza incansablemente por acceder a estos espacios?
Las propuestas expositivas que se envían a instituciones como museos o centros culturales, rara vez tienen respuesta y generalmente se rechazan. Esta situación es compleja, porque en el caso de Mon Laferte, de quien nadie dudará sobre su carrera como cantante, no conocemos su trayectoria en artes visuales para conseguir estos espacios. Quizás si hubiera seguido escalando de a poco, como hacen casi todos los artistas; o si Isabel Aninat hubiera partido con ella después de la muestra en el GAM, se iría entendiendo un poco más este acelerado ascenso en su carrera -que, por lo demás, entiendo que también le ha traído problemas en México-. Pero no, Isabel Aninat (hay que confesar, en una brillante lógica comercial), comenzó a representar a la artista en el mundo ferial invitándola a Zona Maco, recién este año, una de las ferias más importantes del continente, al que muchos y muchas artistas de trayectoria internacional han esperado ir, o mejor dicho, jamás han sido invitados a ir.
Ahora bien, este punto creo que hay que mencionarlo por respeto a las y los performance del país y además con las que trabajo, pero no es el punto principal: ¿Alguien comprendió la performance que Mon Laferte realizó en Matucana 100? Consideremos que para las y los performer, sobre todo de ciertas categorías más viscerales, también con cuerpos desnudos, es sumamente difícil acceder a espacios públicos de exposición. Prácticamente imposible, ¿por qué lo sé? Porque hemos postulado.
¿Qué le pasa a Chile con Mon Laferte?, ¿y a los agentes del arte? Vivimos en un mundo de completa resistencia, estamos posicionándonos y en lucha constante para que el rubro se respete y profesionalice, buscamos eliminar la precariedad con mucho esfuerzo, sudamos la vida cuando llegan las postulaciones a Fondart y sufrimos cada vez que dan los resultados. Nos pasamos el año esperando que las listas de espera corran; postulamos mensualmente a toda convocatoria que existe; competimos entre nosotros mismos, pero nos apoyamos cuando a alguien le resulta la muestra, porque sabemos que estamos en resistencia de forma conjunta.
Y entonces viene Mon Laferte, se lleva muy buenas fechas del calendario expositivo, muy buenas salas de exposición y cobra entrada ¿En qué forma apoya o se vincula a esta resistencia comunitaria que llevamos las y los demás?, ¿Conoce, reconoce o le interesa este gremio? Cariño, en este mundo del arte visual no deberíamos ser tan generosos de callar cuando algo nos parece abusivo, así como tampoco callamos cuando le quisieron borrar el mural. Y sí, deberíamos consultar y exigir, ¿de qué manera se seleccionó o aprobó este proyecto en las salas de exposición?, ¿cuáles fueron los argumentos que se explicaron para darle fecha expositiva a Mon Laferte y no a los cientos de artistas que esperan años por estos cupos?, ¿quién y cómo se financiaron estas exposiciones? Y vamos a decirlo, para reir un poco más, ¿por qué la nombraron embajadora del Parque Cultural de Valparaíso?
Hablar en este país tiene costos, lo sabemos y es probable que por eso la crítica especializada de artes visuales es cada vez más inexistente, porque ya nadie quiere pelear con nadie, y nadie quiere que la o lo bloqueen, veten o funen a raíz de las críticas que pueda realizar. Pero no podemos mantenernos neutros, ni cómplices, menos aún vivir pensando en que nos marginarán de todos los espacios solo porque no somos Mon Laferte. Sí podemos pensar que hay que seguir avanzando en nuestros caminos, en nuestra fracturada comunidad y en la lucha del arte visual, para ser reconocidas/os desde nuestros trabajos y profesionalismo, desde la trayectoria y las creaciones que dignifican y generan cultura, que se basa en la creatividad y no, necesariamente, en su uso político-comercial.
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