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El oficio de la buena diplomacia Opinión

El oficio de la buena diplomacia

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Richard Kouyoumdjian Inglis
Por : Richard Kouyoumdjian Inglis Experto en Defensa y Seguridad Nacional
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Qué bien le haría a nuestra Cancillería valorar más la experiencia profesional, la historia y la usanza en relaciones exteriores. Estas son demasiado importantes para venir a aprender o para dejarlas en las manos de alumnos en práctica. Las relaciones exteriores dicen relación con la aspiración que tenemos como país, del rol que queremos jugar en el concierto internacional, de lo serios y confiables que somos como socios comerciales y aliados políticos y los valores que sostenemos en el escenario internacional. Se requiere con urgencia un golpe de timón y un vuelco a la seriedad y al profesionalismo en nuestra Cancillería.


Lord Henry John Palmerston fue uno de los ministros de Asuntos Exteriores más reconocidos de Gran Bretaña, no solamente por su larga carrera de servicio público, especialmente en las relaciones internacionales, sino porque le tocó un período de la historia donde Gran Bretaña escaló a la cima de las potencias mundiales. Lord Palmerston dejó un legado de su larga experiencia diplomática y de estadista en la frase: “Los países no tienen aliados permanentes sino intereses permanentes”.

Con sorpresa hemos constatado, en la prensa del 16 de agosto, que nuestra canciller manifestó: “El permanente compromiso del Gobierno de Chile con China, frente a la disputa con Taiwán”. Causa asombro esta declaración por varios motivos.

En primer lugar, la falta de definición de este Gobierno de cuál es el interés nacional. Ese esquivo interés nacional que Lord Palmerston sugiere poner a la cabeza de las decisiones en política exterior. Cuando existe confusión respecto del interés nacional es imposible fijar las prioridades correctas, es fácil confundir los medios y procedimientos con los fines a lograr y, peor aún, es fácil perder libertad de acción al amarrar al Gobierno de Chile a un compromiso “permanente” con otro Estado.

¿Para qué nos metemos en una disputa que en nada nos favorece y que de sobra nos complica? Si entendemos las señales que el actual Gobierno y su coalición nos han señalado, su prioridad política exterior está en Latinoamérica y en la promoción del “mar turquesa”. Es cierto que esta definición va en contra de cualquier lógica y de toda la data dura respecto de intercambio comercial, inversión extranjera, alianzas estratégicas y en general prioridades del país. Pero si somos coherentes con esta definición política como para elevarla a rango constitucional, ¿qué estamos haciendo al comprometer apoyos permanentes al Gobierno de China? Las palabras en diplomacia pesan mucho. Son señales muy potentes.

Estamos negociando con la UE una actualización de nuestros tratados de libre comercio. Necesitamos con urgencia elevar los niveles de inversión y de comercio exterior. Así lo han manifestado el ministro de Hacienda y la ministra del Trabajo en una senda reunión con empresarios, y ¿el mismo día salimos apoyando en forma permanente a China en su conflicto con Taiwán?

Estados Unidos es la principal economía del mundo y nuestro principal aliado estratégico. Compartimos con ellos la democracia representativa y la alternancia en el poder como formas de gobierno y la libertad como valor superior. ¿Cómo va a percibir EE.UU. la declaración de la ministra de Relaciones Exteriores de Chile en cuanto a su compromiso permanente con China respecto de Taiwán? Tenemos intereses en nuestra relación con Estados Unidos que se van a ver indudablemente perjudicados. No vaya a ser que la principal potencia mundial empiece a sumar agravios y después de que nuestro Presidente desconociera al representante del anfitrión en la Cumbre de las Américas, ahora la canciller da otro desatino.

No menos relevante es la declaración del embajador chino en Chile con motivo de la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., Nancy Pelosi, a Taiwán. En su inserto en la prensa nacional, el embajador chino dejó meridianamente claro que el tema de Taiwán es para la República Popular China un tema de política interna donde no está dispuesta a aceptar ningún tipo de injerencia extranjera. ¿Qué hacemos declarando nuestro apoyo “permanente” a China en su relación con Taiwán? ¿En qué agrega eso valor a Chile, los chilenos y el interés nacional? ¿Nos estamos metiendo a apoyar la política interna de la República Popular China?

Es cierto que Lord Palmerston es un personaje del siglo XIX, pero su peso se deriva de su experiencia y de sus logros. Qué bien le haría a nuestra Cancillería valorar más la experiencia profesional, la historia y la usanza en relaciones exteriores. Estas son demasiado importantes para venir a aprender o para dejarlas en las manos de alumnos en práctica. Las relaciones exteriores dicen relación con la aspiración que tenemos como país, del rol que queremos jugar en el concierto internacional, de lo serios y confiables que somos como socios comerciales y aliados políticos y los valores que sostenemos en el escenario internacional. Se requiere con urgencia un golpe de timón y un vuelco a la seriedad y al profesionalismo en nuestra Cancillería. Si no se corrigen estas chapuzas y desaciertos, corremos el riesgo de terminar el período de este Gobierno con un daño inmenso a nuestra credibilidad internacional, siendo reconocidos como verdaderos “payasos” de las relaciones internacionales y que nos sigan preguntando personalidades destacadas como John Kerry: “¿Dónde están las cervezas?”.

Hora de un ubicatex, de no meternos en peleas de perros grandes donde nadie nos ha llamado, de seguir desarrollando nuestro comercio con todo el mundo, que incluye por cierto a Estados Unidos, China y el resto del Indo-Pacífico, de seguir buscando un mundo estable y tranquilo que permita a Chile ser más desarrollado, y a su gente, más próspera.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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