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Polémica en Estados Unidos por la muerte de una niña que entró ilegalmente al país MUNDO

Polémica en Estados Unidos por la muerte de una niña que entró ilegalmente al país

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El caso de la guatemalteca de 7 años deshidratada estando bajo custodia de las autoridades es instrumentalizado por la Casa Blanca para pedir un endurecimiento de las leyes que «desincentive» la llegada de ilegales.


La muerte de una niña guatemalteca de siete años bajo custodia de las autoridades migratorias de Estados Unidos tras cruzar ilegalmente la frontera desde México ha desencadenado una gran controversia en el país norteamericano. En medio de la tormenta, la administración de Donald Trump utilizó hoy (14.12.2018) lo sucedido como argumento para desincentivar la llegada de inmigración ilegal al país y se desvinculó de toda responsabilidad en lo sucedido.

«Es una situación horrible y trágica», dijo Hogan Gidley, uno de los portavoces de la Casa Blanca, y llamó al Congreso a aprobar leyes para «desincentivar» la llegada de migración ilegal al país. Su respuesta cuando la prensa preguntó si el Gobierno asume alguna parte de responsabilidad en la muerte de la niña fue un rotundo no. Se trata de «un ejemplo muy triste» de las consecuencias que tiene el cruce ilegal de la frontera, manifestó por su parte la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, a Fox News.

«Esta familia eligió cruzar ilegalmente. Seguiremos viendo qué ha sucedido pero, de nuevo, no puedo dejar de expresar lo peligroso que es el viaje cuando los migrantes deciden venir ilegalmente», indicó. La menor murió la semana pasada cuando estaba en manos de la patrulla fronteriza, según adelantó el diario The Washington Post. La noticia saltó a la opinión pública estadounidense el jueves por la noche.

Explicaciones de los funcionarios una semana después

En declaraciones a la prensa, funcionarios de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) informaron hoy de que la niña y su padre formaban parte de un grupo de 163 migrantes que fueron detenidos la noche del 6 de diciembre cerca de Antelope Wells, en el estado de Nuevo México y en medio del desierto. Llevaba días sin comer y sin beber, según los registros de la patrulla fronteriza, y ocho horas después empezó a tener convulsiones. Tenía además fiebre alta. Sin embargo, según los agentes, la niña hasta entonces parecía disfrutar de buena salud e incluso su padre, al que acusan de negligencia, fue entrevistado en español y dijo que así era.

Desde su arresto hasta las 4.30 hora local, la menor, su progenitor y el resto de migrantes estuvieron en unas instalaciones de la CBP, donde, según el relato de los agentes, tuvieron acceso a agua, comida y aseos; y después fueron trasladados en autobús a otro centro a 150 kilómetros de distancia y ubicado en Lordsberg (Nuevo México). Cuando la comitiva llegó a Lordsberg, el padre alertó de que su hija había estado vomitando y no respiraba, de forma que inmediatamente fue trasladada con fiebre de 41 grados en helicóptero a un hospital infantil de El Paso (Texas), adonde llegó con un paro cardíaco. En el centro sanitario lograron reanimarla, pero murió horas después.

Peticiones para investigar lo ocurrido

Voces destacadas en el espectro político, entre ellas Beto O’Rourke, una de las estrellas en alza del Partido Demócrata, y el congresista Joaquín Castro, del mismo partido, han pedido investigaciones en profundidad de lo ocurrido. ACLU, una de las organizaciones de defensa de los derechos civiles más importantes del país, acusó a CBP de tener «una cultura de crueldad». «El hecho de que se haya tardado una semana en que esto salga a la luz muestra la necesidad de transparencia de CBP», indicó ACLU en un comunicado, en el que reclamó una «investigación rigurosa».

El Gobierno de Guatemala ha anunciado que está brindando «todo el apoyo necesario» a la familia de la niña y ayudando con la repatriación del cuerpo. Fuentes no autorizadas del Ministerio de Exteriores del país centroamericano identificaron a la fallecida como Jackeline Caal, de 7 años, y a su padre como Nery Caal, de 29.

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