
Chile, ¿un sistema de salud fallido?
Debemos actuar con criterio de Estado, pensando siempre que el objetivo de todo sistema en salud es el paciente.
En Chile hay millones de pacientes en espera de especialistas, más de sesenta mil patologías GES no cumplidas por el Estado y, lo más grave, más de quince mil pacientes con patologías de cáncer no atendidos. Esto sucede a pesar de que, según informes de la Dipres, entre 1990 y 2012 el gasto en salud ha crecido un 9% y en términos del PIB se ha duplicado del 1,6% al 3,5%, muy por sobre el promedio de los países de la OCDE. Anualmente mueren miles de pacientes en espera de un especialista o una atención de una cirugía.
En los años 2000 diversos ministros de la Corte hicieron ver que había un serio problema de conflictividad en nuestro sistema de salud privado que no se corrigió por la conflictividad política: “No se ha abordado la reajustabilidad de los planes” (ministro Sergio Muñoz), “se necesitan cambios legislativos y revisión de las políticas vigentes” (ministro Haroldo Brito). Esto terminó en la resolución del Tribunal Constitucional de agosto del 2010, que abrió las puertas de la judicialización del sistema, donde ingresaron más de 2,2 millones de causas a las Cortes de Apelaciones entre el 2013 y 2022, según informes del Ministerio de Justicia, que fue el origen de la sentencia de la Tercera Sala de la Corte Suprema de noviembre del 2022 de aplicar la tabla única de factores con efecto retroactivo desde la dictación de la resolución IF 343 de la Superintendencia de Salud de diciembre del 2019, donde el Ejecutivo demoró casi una década en interpretar la resolución del Tribunal Constitucional del 2010.
Llama la atención que ni el Legislativo ni el Ejecutivo preguntaran con los incumbentes, como lo determina nuestra legislación vigente de acuerdo con el artículo tercero del Código Civil, como lo hizo ver el Observatorio Judicial, “las sentencias judiciales tienen fuerza obligatoria solo sobre las causas judiciales que se pronunciaren o, de lo contrario, es un grave atentado a la democracia”. Este es el criterio de la ministra Angela Vivanco en entrevista periodística y es curioso que cuando la Superintendencia de Salud preguntara por la aclaración del fallo la Tercera Sala, sin la presencia de la ministra Vivanco, que fue apartada de la vocería de la Corte, contestara escuetamente “no hay nada que aclarar”. Es extraordinariamente grave para una democracia que el Poder Judicial intervenga en políticas públicas del Ejecutivo y este interprete los fallos. Hay una notoria falta de liderazgo y han faltado los Edgardo Boeninger, Carlos Massad, Ricardo Lagos en salud.
El Superintendente de Salud, un médico cirujano de larga trayectoria política, interpretó, en mi opinión muy precipitadamente, el cálculo de una deuda inexistente. El director de Fonasa ha declarado públicamente que uno de sus objetivos es eliminar el sistema privado de salud, quedando como seguros de segundo piso, estableciendo una serie de planes complementarios insuficientes que pueden producir un histórico colapso del sistema público y privado en Chile. Predominan los dogmatismos, las improvisaciones, los parches, los voluntarismos tan habituales en salud, sin tener una visión de Estado, cuyo objetivo central es que el paciente tenga un acceso igualitario, libre, sin preexistencias, oportuno a los servicios de salud.
Para solucionar el problema de la salud debemos “pensar en grande” o, como decía el filósofo de la Universidad de Chile Jorge Millas, “sentémonos a conversar como si no sé nada para entender lo que el otro quiere decir y así producir verdad”. Se confunde medicina, que según la Academia es “sanar, conjunto de técnicas y herramientas aplicadas a la prevención y tratamiento de enfermedades humanas”, con salud, que según la OMS es “equilibrio orgánico y completo bienestar físico”. La salud es un trabajo multidisciplinario de médicos, enfermeras, tecnólogos, profesionales de la salud, ingenieros, arquitectos, economistas. Hay una vieja escuela de salubridad pública que no considera los avances de la tecnología, la administración y economía modernas que promueve el monopolio del Estado, que es un mal uso de recursos públicos en salud, produce empobrecimiento de la clase media y es foco de corrupción.
Modernizar el Estado
Hoy existe la oportunidad, quizás única en años, de avanzar y modernizar el sistema de salud chileno con un enfoque en el paciente, el gran olvidado por décadas. Un Estado rector de políticas públicas en salud como quedó demostrado en pandemia, un ministerio con vicepresidencias ejecutivas y hospitales con gerencias y directorios, incluyendo la productividad, incorporando las instituciones de beneficencia, concesiones hospitalarias, mejorar el sistema de compras públicas, digitalizar el sistema de licencias médicas independiente con un Fonasa orientado a las personas, un sistema mixto con participación pública y privada, la ficha universal única es el gran desafío de la ingeniería informática en salud, orientar el gasto a la prevención y salud primaria con planes básicos obligatorios (colonoscopías, mamografías, diagnóstico por imágenes) son esenciales para enfrentar el diagnóstico precoz del cáncer, los problemas de obesidad y alcoholismo juvenil, salud mental, estudiar un sistema de concesiones en prevención incentivando la inversión, una política pública en capacitación entre las universidades, sociedades científicas, educación y alfabetización sanitaria donde el servicio militar social (como en Suiza, Israel) es una herramienta del Estado en avanzar en salud.
Debemos actuar con criterio de Estado, pensando siempre que el objetivo de todo sistema en salud es el paciente.
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