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Kast y la teoría de los tres cinturones del gobierno Opinión Archivo (AgenciaUno)

Kast y la teoría de los tres cinturones del gobierno

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Christian Torres
Por : Christian Torres Administrador Público, Magister en Gerencia y Políticas Públicas, socio de Táctica consultores.
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Más que acelerar reformas o mejorar su comunicación, necesita revisar prioridades, anticipar consecuencias y construir acuerdos que fortalezcan su capacidad de conducción, porque gobernar no consiste solamente en adoptar decisiones, sino también en preservar las condiciones para seguir haciéndolo.


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A siete meses de asumir, el gobierno de José Antonio Kast enfrenta un problema que va más allá de lo acertado o equivocado de sus reformas. Ha conseguido impulsar parte de su programa, pero al mismo tiempo ha generado una acumulación de costos económicos, sociales y políticos que parece haber debilitado rápidamente su capacidad de conducción. Mientras los beneficios de sus principales iniciativas siguen siendo una expectativa, los costos de sus decisiones ya forman parte del presente.

El economista chileno Carlos Matus desarrolló una teoría que permite comprender este escenario. Los tres cinturones del gobierno representan los balances político, macroeconómico y de intercambio de problemas, este último referido a los resultados de la acción gubernamental sobre los problemas que enfrenta la sociedad. Gobernar exige administrar simultáneamente estos balances, evitando que se deterioren al mismo tiempo y terminen restringiendo la capacidad de conducción.

La principal apuesta económica del Ejecutivo ha sido recuperar la inversión mediante reformas tributarias y regulatorias, especialmente la Ley de Reconstrucción. Sin embargo, sus eventuales efectos requieren tiempo, mientras el desempleo alcanza el 9,6% y disminuyen el empleo formal y las horas trabajadas. Detrás de estas cifras hay hogares que pierden ingresos y enfrentan mayores dificultades. La respuesta del Gobierno, mediante un plan especial de empleo, ha sido tardía e insuficiente, como han advertido incluso sectores del oficialismo.

Paralelamente, el ajuste fiscal incorpora nuevos costos sociales. La reducción de programas y prestaciones, en un escenario de deterioro laboral, aumenta la presión sobre familias que necesitan precisamente mayor protección. Así, las decisiones destinadas a mejorar un balance pueden terminar agravando los problemas de otro.

En seguridad, su principal promesa electoral, las expectativas generadas durante la campaña contrastan con resultados que todavía no logran satisfacerlas. El retiro de una reforma constitucional presentada como indispensable, pero que no consiguió respaldo ni siquiera en el propio oficialismo, terminó transformando una prioridad gubernamental en un nuevo problema político.

La aprobación de la Ley de Reconstrucción refleja otra característica de su conducción: la decisión de ejercer mayorías estrechas antes que construir acuerdos amplios. El Gobierno obtuvo una victoria legislativa, pero concentró en el oficialismo la responsabilidad por sus resultados y redujo los espacios de cooperación para enfrentar las dificultades siguientes.

La evolución de las encuestas refleja este deterioro. En apenas siete meses, el respaldo presidencial pasó de niveles cercanos al 60% a alrededor del 30%. Resulta paradójico que un Gobierno cuya agenda coincide en buena medida con las principales preocupaciones ciudadanas experimente una caída tan pronunciada. Compartir las prioridades ciudadanas no basta para conservar su respaldo, también es necesario demostrar capacidad para responder a ellas.

Aquí se manifiesta la relación entre los tres cinturones de Matus. El desempleo incrementa las necesidades sociales; el ajuste fiscal restringe las respuestas; y una estrategia política basada en mayorías estrechas dificulta construir los apoyos necesarios para corregir el rumbo. La caída del respaldo ciudadano puede, a su vez, incentivar el distanciamiento de los propios aliados. Los problemas comienzan así a reforzarse mutuamente.

Este es el principal desafío del gobierno de Kast. Más que acelerar reformas o mejorar su comunicación, necesita revisar prioridades, anticipar consecuencias y construir acuerdos que fortalezcan su capacidad de conducción, porque gobernar no consiste solamente en adoptar decisiones, sino también en preservar las condiciones para seguir haciéndolo.

Kast corre el riesgo de avanzar en su programa mientras debilita las condiciones políticas, económicas y sociales necesarias para alcanzar los resultados que promete.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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