Marcos Ribas: “La música nos permite constatar que todo lo importante es ritmo, armonía y silencio”
Llegó a Chile de la mano de una banda de rock argentino en los 90. Después de estudiar con Robert Fripp, ha dedicado su vida a la educación y a la música. Especialmente, a investigar cómo ella puede impactar los distintos aspectos de la vida humana, para bien y para mal.
Décadas de experiencia en escenarios, talleres y viajes por el mundo han quedado plasmadas en su libro Conexión Rítmica (febrero, 2025). Con apoyo en datos de la neurociencia, la física y la ciencia e historia de las religiones, entre otras, Marcos Ribas sostiene, en el episodio de estreno de De aquí no sale con Leturia, de El Mostrador, que la música y el ritmo son parte de las estructuras más estables de la naturaleza, y que las personas solo podemos sintonizarnos a ella, o no hacerlo.
Por ello, la música no está limitada a un reducido grupo de artistas y va mucho más allá de las canciones y las notas. Cuenta que, siendo pequeño, su papá le advirtió que “Mozart hay uno solo”. Pero luego se dio cuenta de que la música sirve para generar muchas otras cosas, incluso más importantes: desde la capacidad de concentración y atención (tan deteriorada en épocas de RRSS), a la experiencia de la necesidad e importancia de los otros. “Porque en un concierto, o en una banda, o en un grupo de percusión y tambores, nadie sobra. Y la disciplina pasa a tener mucho más sentido”, dice.
Cuenta su experiencia con niños pequeños, trabajando en jardines infantiles: “Los más chicos tienen un ritmo perfecto, que traen del vientre materno… y muchas veces lo van perdiendo con el tiempo, con la educación formal”.
Cree que una época dominada por la inteligencia artificial (IA) y la técnica, la educación y la práctica musical –de la manera que sea– se hacen aún más vitales. “No para tener más músicos, sino para que experimentemos ese fenómeno de conexión, resonancia, exactitud y libertad. La IA podrá tocar en forma perfecta las notas de una partitura, pero la plenitud de esa experiencia nunca podrá captarla. Ahí esta nuestro poder y nuestra zona de resistencia y, además, es hermoso”.
Ribas complementa su investigación con una serie de descubrimientos y datos científicos: “Dado que la música es vibración, hoy sabemos que los sordos pueden oír. De una manera diferente, pero pueden oír”. Por ello, su propuesta musical es para músicos y no músicos, pero habla especialmente a educadores y personas con compromiso con lo social y lo colectivo.
Explica también el porqué del éxito de sus talleres de dinámicas rítmicas para fomentar la colaboración y la creatividad grupal. “Una persona que no confía, no puede bailar”, afirma. Se aprende empíricamente que “la fuerza de la cadena depende de su eslabón más frágil”, y que en un equipo se pueden tolerar los errores, “pero no la falta de conexión y de ritmo”. Educar con este tipo de actividades es más efectivo y, por cierto, mucho más entretenido.