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Educación Física y el placer de moverse Opinión

Educación Física y el placer de moverse

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Elisa Araya Cortez
Por : Elisa Araya Cortez Doctora en Ciencias de la Educación. Rectora de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, UMCE.
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Para los y las profesoras de Educación Física que trabajan en escuelas y liceos públicos de nuestro país (llamados con eufemismo, vulnerables), se ha vuelto cada vez más evidente la dificultad de despertar el interés de niños, niñas y jóvenes en la actividad física en general y, aunque parezca difícil de creer, en el juego en particular. Basta observar algunas clases para darse cuenta de que los y las estudiantes muchas veces se quedan al margen o demoran su participación en las actividades que se les proponen. Los circuitos, las repeticiones, los ejercicios sin contextos y explicaciones parecen no tener sentido alguno para ellos, los celulares que no pueden dejar de atender, y ni hablar de la ausencia de placer y goce en la actividad, porque tampoco está permitido hablar fuerte o reírse “porque estamos en clases”. También, suele suceder que, las clases se suspenden porque el patio se inundó después de una lluvia copiosa, porque hay restricción debido a las preemergencias, porque hay ensayo del SIMCE, porque… Las clases de Educación Física son suspendibles bajo varias consideraciones, no así las de matemática o lenguaje.

Existe también una fuerte presión curricular y, ahora social, para hacerse cargo de problemas de salud pública como lo es el sedentarismo y sus secuelas más inmediatas: el sobrepeso y la obesidad infanto-juvenil, como si el sistema educativo, el ministerio de educación y los sostenedores les entregaran a sus profesores de educación física las condiciones para cumplir con una misión de tal envergadura. No se trata de negar que la actividad física realizada de forma sistemática, bien orientada y permanente no sea un potente factor protector y de salud, tampoco se trata de negar que la educación física es la única asignatura que trabaja el cuerpo y sus movimientos, a través de juegos y deportes. Más bien se trata de preguntarse ¿cuál es el rol de la educación física en la escuela? Y a partir de esa reflexión pensar en su calidad.

Antes que todo, es posible afirmar que la Educación Física no es una secuencia de ejercicios bien planificados para aumentar el gasto energético de quién los realiza y lograr controlar su peso, aumentar sus capacidades físicas o convertirse en deportista. Estas pueden ser algunas de sus consecuencias virtuosas, pero no son su finalidad. Y ahí está la confusión, ahí está la causa de los reproches sociales, ahí está una conversación que debe seguir dándose cada vez con más amplitud y ganas de cambiar las cosas.

La Educación Física en la escuela debería buscar, ante todo, contribuir a la formación de personas. Para ello debe desarrollar en los estudiantes una serie de competencias y disposiciones en forma de hábitos que apoyen a los y las estudiantes en el recorrido que los llevará a convertirse en ciudadanos y ciudadanas con una base de cultura corporal, que construyan una forma de vida no sedentaria, activa, saludable y placentera.

Que la Educación Física esté centrada, o debiera estarlo, en el desarrollo cultural físico amplio, significa acompañar a los y las estudiantes en comprender y valorar el cuidado de su cuerpo en tanto cuidado substancial a una buena vida. Conocer y desarrollar sus movimientos naturales y tecnificados, fortalecer su manejo en actividades deportivas, rítmicas y lúdicas para descubrir el sentido de equipo, colaboración y cooperación. Que se reconozca como totalidad actuante mente-cuerpo-entorno, superando visiones parciales de la integralidad humana. Y, sobre todo, aprehenda el goce del movimiento y de estar vivo.

La Educación Física tiene la prerrogativa de construir aprendizajes desde la experiencia corporal de los sujetos. Desde ella es posible afirmar aquello que las neurociencias nos señalan cada vez con mayor fuerza: no tenemos un cuerpo, sino que somos cuerpo, somos siempre esa experiencia corporal y desde ella construimos conocimientos y aprendizajes de todo tipo. Comprender que somos mente encarnada, permite asir mejor esta vivencia cotidiana de que aprender, conocer y vivir una experiencia, acontece desde, por y en el cuerpo. La mente-cuerpo-entorno que somos, más que ser el objeto de aprendizaje, es el lugar desde el que estos emergen, se significan y se comprenden.
A partir de esta especificidad, la Educación Física aporta no sólo a sus objetivos particulares como asignatura, sino también a la construcción de una buena escuela donde niños y niñas desplieguen sus potencialidades, pues al igual que otras asignaturas del currículum el aprendizaje de los y las estudiantes está en el centro de su quehacer. Para ello sus profesores y profesoras deben ser especialistas del aprendizaje y no meros organizadores de circuitos de ejercicios, animadores fitness, sino profesionales capaces de organizar dispositivos pedagógicos adecuados, variados, desafiantes, con sentido para desencadenar, favorecer y evaluar el aprendizaje motriz componente central de la educación física escolar.

Este aprendizaje motriz puede ser considerado un recorrido a través del cual, alumnos y alumnas acrecientan, enriquecen y dotan de valor y significado sus conductas motrices. Conductas entramadas en la cultura y puestas en juego en proyectos personales y sociales. En este sentido el movimiento, y por vía de consecuencias, la propia educación física implica: cognición-volición-emoción-acción.

Esta visión de la Educación Física escolar involucra revitalizar los “votos pedagógicos” del profesor, la profesora. Defender fuerte y claro los espacios y tiempos – cada vez más reducidos- de movimiento de niños, niñas y jóvenes. Realizar abogacía a las temáticas de importancia vital que vehicula esta disciplina. Quizás una de las posibilidades más reales de mejorar la calidad de la Educación Física en las escuelas, considerando la sobre exigencia que le entrega el mandato curricular de hacerse cargo de la salud sin entregarle las condiciones para ello, sea que los profesores y las profesoras que enseñan esta asignatura se reencuentren con todo aquello que los condujo a estudiar esta profesión: libertad, expresión corporal, agonismo, placer de la acción, …

Es importante recordar que la alegría adviene cuando podemos sentir un aumento sustancial de la potencia de existir. Recobrar esa alegría en el juego, en el placer de ser cuerpo y moverse, es la posibilidad de convocar, activar y perseverar en una actividad. Si no logramos que los estudiantes sientan algo cercano a esto en las clases de Educación Física, ningún objetivo educativo puede alcanzarse.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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