Un compromiso colectivo para una sociedad más justa
Señor director:
Hoy en día, nos estamos enfrentando a grandes desafíos y barreras estructurales que, debido a los prejuicios, la falta de comprensión, tienen un impacto en quienes presentan necesidades de apoyo específicas, como las personas autistas. El adoptar una mirada basada en la comprensión y la atención individualizada, que reconoce que cada persona y su entorno son únicos, es primordial para avanzar hacia una sociedad inclusiva. La inclusión no debe confundirse con justificar comportamientos inapropiados ni con ignorar las deficiencias en la gestión de situaciones complejas que se dan en diferentes ámbitos de la sociedad, sino más bien, todo lo contrario. Esta requiere una perspectiva ecológica y centrada en la persona, reconociendo que todos los contextos influyen en la vida de una persona: familia, escuela, trabajo y comunidad y cómo esto impacta en su desarrollo y participación plena. Una sociedad inclusiva no se construye desde la imposición, sino desde la colaboración y la convicción. Esta nos exige, además, realizar acciones colectivas donde la familia, las instituciones educativas, las organizaciones y la sociedad en general asuman la responsabilidad compartida de eliminar barreras. La promulgación de leyes que promuevan la inclusión es un paso importante, pero no suficiente. Se requiere su implementación efectiva, acompañada de recursos adecuados, formación continua y la disposición de todos para cambiar actitudes y prácticas que perpetúan la exclusión. Transformarnos en una sociedad inclusiva implica repensar nuestras diferencias, dinámicas y valores. Es un llamado a reconocer la riqueza de la diversidad, a crear espacios donde todas las personas puedan participar plenamente y a trabajar juntos para construir un futuro más justo y equitativo.
Vanessa Vega Córdova, directora de Inclusión PUCV e investigadora MICARE
Fabiola Somarriva Urrutia, académica Escuela de Pedagogía PUCV