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G de ESG: un aporte en la lucha contra la corrupción MERCADOS

G de ESG: un aporte en la lucha contra la corrupción

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Susana Sierra
Por : Susana Sierra Ingeniera comercial. Socia y fundadora de BH Compliance.
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Las empresas que tienen prácticas sólidas de gobierno corporativo y ética empresarial son menos propensas a estar involucradas en actos de corrupción y tienen menos riesgo de enfrentar sanciones o multas por malas prácticas. Además, suelen estar más preparadas para enfrentar crisis, lo que mejora la percepción de estabilidad y resiliencia, incrementando la confianza de los inversores y el público en general.


En un entorno empresarial cada vez más complejo y competitivo, es fundamental reconocer la importancia de los gobiernos corporativos en la gestión eficaz de las empresas –más allá de los objetivos comerciales–, ya que establecen un marco de responsabilidades, reglas y principios éticos que deben guiar el actuar de la compañía y las relaciones con sus diversos grupos de interés de manera sostenible.

Así, la G de los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza por sus siglas en inglés), tan relevantes hoy para el éxito empresarial sostenible, se transforma en la primera letra que debe ser abordada, porque se enfoca en el cómo se toman las decisiones, asegura que los valores y propósito prometidos estén presentes en la estrategia de negocios, además de sustentar desde el liderazgo corporativo el compromiso con las otras letras (E y S) para que sean efectivas y no meras estrategias marketeras para parecer sostenibles sin serlo.

En los últimos 15-20 años, cada vez más líderes empresariales han adoptado estrategias de sostenibilidad para reforzar su licencia social, lo que se ha visto acelerado ante la drástica disminución de los niveles de confianza en las empresas a raíz de escándalos y fraudes empresariales de gran repercusión.

El Índice de Percepción de la Corrupción 2022 de Transparencia Internacional, reveló que la mayor parte del mundo ha alcanzado avances mínimos o nulos en el combate contra este flagelo, que no solo afecta económica y comercialmente a las víctimas, sino que erosiona la confianza en las instituciones, la democracia y el Estado de derecho. Es decir, nos afecta a todos.

Es tal la importancia y urgencia de la lucha contra la corrupción, que las empresas deben involucrarse y volcar sus esfuerzos para prevenirla, detectarla y sancionarla, además de concientizar a sus trabajadores, a todo nivel, respecto a una cultura ética, donde se transmita que es tan importante el cómo se llegue a los resultados, que el lograrlos.

Por eso, el papel de los gobiernos corporativos es trascendental, porque son ellos los que liderarán e impulsarán los cambios, promoviendo valores como la integridad, transparencia, ética, rendición de cuentas y la toma de decisiones informadas, buscando no solo las ganancias económicas, sino que haciéndose parte integral del entorno donde operan, considerando sus públicos de interés y siendo conscientes de que, para lograr los cambios, se debe partir desde adentro.

Las empresas que tienen prácticas sólidas de gobierno corporativo y ética empresarial son menos propensas a estar involucradas en actos de corrupción y tienen menos riesgo de enfrentar sanciones o multas por malas prácticas. Además, suelen estar más preparadas para enfrentar crisis, lo que mejora la percepción de estabilidad y resiliencia, incrementando la confianza de los inversores y el público en general.

Por eso, elevar el estándar de la G de ESG es un pilar esencial para lograr el éxito, pero también para prevenir la corrupción en las empresas. Por lo mismo, los directorios se deben cuestionar qué hacer en esta línea, reforzar sus prácticas de gobierno corporativo y velar por el cumplimiento apegado a los valores y principios éticos definidos. Para esto es fundamental la calidad e idoneidad de sus integrantes, asegurando diversidad, competencia y efectividad, para lograr una toma de decisiones estratégica informada, que fomente el compromiso de los inversionistas y stakeholders, siendo consciente del impacto económico, social y ambiental de la empresa.

Asimismo, deben asegurar el cumplimento de las  políticas anticorrupción como códigos de conducta, políticas de regalo, implementación de canales de denuncia efectivos, gestionar los conflictos de interés, fomentar la transparencia y rendición de cuentas, entre otras. Sin embargo, su principal tarea será fortalecer y socializar la cultura de integridad corporativa, que desincentive las malas prácticas y que cree un vínculo con sus trabajadores, haciéndolos parte de las decisiones y éxitos y, por lo tanto, promoviendo el compromiso de ellos con la empresa.

Si bien el gobierno corporativo no solo se remite a los directorios, estos ejercen un rol de liderazgo para asegurar que la empresa cumpla su misión de ser sostenible, lo que incluye fomentar un actuar basado en la ética y en la prevención de actos de corrupción. Para su efectividad es importante que se involucren también las áreas de compliance, y que aseguren que las políticas se cumplan y que los directorios están llevando a cabo sus deberes de supervisión y dirección de sus programas de compliance.

Como vemos, la G es vital para la salud del negocio de la empresa, que permitirá proteger su rentabilidad, mantener la confianza de sus públicos de interés y garantizar la sostenibilidad a largo plazo de sus operaciones.

Detrás de cada incumplimiento de una empresa, ya sea en temas ambientales, sociales o de probidad, hay un gobierno corporativo ineficaz. Por eso la G debe ser prioridad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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