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Lula: ser ou não ser Opinión

Lula: ser ou não ser

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Juan Pablo Glasinovic Vernon
Por : Juan Pablo Glasinovic Vernon Abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), magíster en Ciencia Política mención Relaciones Internacionales, PUC; Master of Arts in Area Studies (South East Asia), University of London.
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Podría pasar a la Historia como un astuto y hábil mandatario que hizo más poderoso a su país, o podría trascender como un líder, de esos que surgen muy de cuando en cuando y que inspiran con su ejemplo a generaciones y quedan en el panteón espiritual de los pueblos (para los otros está la galería de estatuas).


En esta oportunidad quisiera abordar el liderazgo presente del presidente Lula y tratar de entender su conducta en política exterior y especialmente en el ámbito regional, considerando la gran influencia de Brasil en el hemisferio y particularmente en América del Sur.

En su anterior mandato, 2003-2011, Lula tuvo un rol protagónico en política exterior. En el ámbito latinoamericano destacan su impulso al MERCOSUR, pero también su papel esencial en la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y en la génesis de lo que después fue la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Su activismo en materia de diálogo e integración latinoamericana se vio favorecido por lo que se conoce como la primera “marea rosa” en la región, especialmente en Sudamérica, con gobiernos de signo similar (izquierda) y con el sustantivo apoyo monetario de la mano del presidente Hugo Chávez de Venezuela. En esa época todos los países de esta zona experimentaban el boom de los commodities con su consecuente holgura presupuestaria y además sus gobiernos contaban con mayoría en sus parlamentos, lo que no solo facilitaba su gestión interna, también adherir a la dinámica integradora liderada por Brasil con el soporte venezolano.

Aunque Lula y Chávez tenían divergencias y agendas propias, encontraron un terreno común que potenció su labor conjunta en forma notable. Parte de lo común fue sin duda la ideología, aunque en ese aspecto Lula era más pragmático, siendo su objetivo principal acrecentar el liderazgo brasileño y sus intereses, mientras Chávez apuntaba a la expansión del “socialismo de siglo XXI”, como sucesor de Fidel Castro, lo que entre otras cosas derivó en la constitución de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que agrupa a Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia, la contracara del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsada a comienzos de este siglo por Estados Unidos. También implementó esquemas de ayuda financiera directa a países afines de la región como Petrocaribe (entrega subsidiada de combustible a naciones caribeñas y de Centroamérica).

Este acomodo, conveniente para ambas partes, hizo que Lula nunca criticara la deriva autoritaria de Chávez e incluso después de salir de la presidencia, siguió apoyando al líder venezolano. Como olvidar su frase “tu victoria será nuestra victoria” cuando Chávez iba por una nueva reelección en octubre de 2012, lo que significó la estocada mortal a la democracia venezolana, a pesar de que el propio Chávez murió en marzo del 2013 y fue sucedido por Maduro. Lo demás es una triste historia conocida.

Es importante entonces resaltar que, por una combinación de afinidad ideológica con una concurrencia de intereses que favorecía a cada parte en la ecuación, Lula y Brasil no se opusieron el desarrollo del régimen chavista, lo que no solamente contribuyó a la instalación de una dictadura, también incubó el drama del desmoronamiento social y económico de Venezuela, que nos tiene hoy sumidos en una crisis migratoria y humanitaria sin precedente en Sudamérica.

En paralelo a su papel presidencial en política exterior, Lula da Silva, promovió y participó activamente en el Foro de Sao Paulo, una instancia de partidos y grupos políticos de izquierda de América Latina, fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil (del cual es militante) en Sao Paulo en 1990. Esta plataforma fue constituida para sumar esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda, para combatir las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica, post Guerra Fría.

Al Foro de Sao Paulo, que tuvo “cumbres” anuales hasta 2019, le salió competencia en la misma vereda con el Grupo de Puebla, un foro político y académico integrado por representantes de la izquierda política latinoamericana. Como su nombre lo indica, fue fundado en la ciudad mexicana justo en 2019 (año de la última reunión del Foro de Sao Paulo), y recoge la influencia mexicana con el gobierno de AMLO (aunque en su creación estuvo involucrado nuestro sempiterno candidato presidencial Marco Enríquez-Ominami). Lula también está adscrito a este foro.

El exitoso liderazgo en asuntos internacionales y regionales de Lula no se puede desacoplar del aspecto ideológico, el cual introduce las sombras de su anterior desempeño, según lo ya reseñado, lo que vuelve a aparecer ahora.

Con motivo de la reunión de hace unos días convocadas en Brasilia por el presidente Lula a los gobernantes de los países que fueron o son miembros de UNASUR, para sostener un diálogo político de alto nivel y buscar revitalizar la cooperación y coordinación en general de la región, recibió unas horas antes del evento bilateralmente al presidente Maduro de Venezuela. En esa instancia, declaró públicamente que el autoritarismo en Venezuela es “una narrativa construida”, lo que evidentemente causó un alud de críticas internas y externas y permeó el espíritu de la reunión grupal.

¿Fue un lapsus?, ¿Una maniobra deliberada para ganarse a Venezuela en su esfuerzo de revitalización regional? ¿O refleja su verdadera posición, fuertemente anclada en una ideología de izquierda antiliberal?

Uno podría aventurar, mirando para atrás, que hay una razón ideológica, la misma que en su momento le hizo hacer collera con Chávez y que lo inhibió de criticarlo por asumir un derrotero dictatorial.

Esta hipótesis se refuerza con las acciones que ha tomado en el ámbito global, acercándose a China y Rusia. De hecho, también por estos días los cancilleres Vieira y Lavrov se reunieron en Sudáfrica en el contexto de la conferencia ministerial de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Es cierto que Brasil siempre ha buscado una autonomía estratégica respecto de Estados Unidos y que habría una continuidad en ese sentido tras el interludio de Bolsonaro, pero las declaraciones y el discurso de Lula con motivo de esta dinámica, dejan en evidencia que está presente también en forma importante el elemento ideológico, el mismo que trasunta a los foros de Sao Paulo y Puebla.

En su tercer mandato, con unas condiciones muy distintas a su anterior gobierno, por cuanto no tiene mayoría parlamentaria ni recursos, el presidente Lula debe pensar en su legado y cómo será recordado. ¿Quiere serlo como un líder que promovió la integración en Latinoamérica y elevó a Brasil en el escenario global, de la mano de los valores democráticos? ¿O su inspiración está fundada en una visión ideológica, privilegiando las posiciones antiliberales siempre que no contravengan los intereses estratégicos brasileños?

Por su talla, inteligencia y su extraordinaria experiencia vital de obrero a presidente, lo que resuelva no será neutro, especialmente en la izquierda de la región.

Podría pasar a la Historia como un astuto y hábil mandatario que hizo más poderoso a su país, o podría trascender como un líder, de esos que surgen muy de cuando en cuando y que inspiran con su ejemplo a generaciones y quedan en el panteón espiritual de los pueblos (para los otros está la galería de estatuas).

Si opta por la trascendencia, entonces necesariamente debe cambiar su enfoque y dar la espalda a la lógica de su actuación conjunta con Venezuela de su primer período desgraciadamente retomada explícitamente en estos días, y poner todo el tremendo peso de su país al servicio del fortalecimiento y recuperación de la democracia en la región, así como contribuir globalmente a evitar el bipolarismo, pero con énfasis también en la democracia.

Esa es la cuestión. Ser o no ser. Nada más y nada menos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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