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To Milk or Not Milk: that is the question Opinión

To Milk or Not Milk: that is the question

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Jenny Ruedlinger
Por : Jenny Ruedlinger Médico veterinario y Dra. en Ciencias Biológicas
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A estas alturas, todos ya debemos saber que cualquier hembra mamífera debe de haber parido una cría para poder producir leche, en el caso de las vacas con un tiempo de gestación de nueva meses (sí, como nosotras), pero escogemos no mirar la realidad de lo que ocurre con esa cría luego que nace, porque el producto es para nuestro consumo, no el suyo.


A propósito de una serie de notas surgidas sobre una reciente “guerra de la leche”, en relación a la demanda de un gremio lechero contra la empresa The NotCompany -NotCo- acusándola de competencia desleal y de aprovecharse del prestigio de la leche confundiendo su producto Not Milk con ésta, al mismo tiempo de descalificarla para desviar la atención a su producto, es que creo que vale la pena aprovechar la instancia para hacer algunos puntos sobre la leche (de vaca) y sobre el por qué de estas “guerras”.

Este tipo de demandas que se hacen a las empresas que llaman a sus productos vegetales con nombres normalmente usados para los productos animales no son nada nuevo. En el caso de la leche, lo que se pretende es demostrar que el término es exclusivo para nombrar a la secreción de glándula mamaria proveniente de hembras mamíferas. En este caso, vacas. Algunos ejemplos de estos casos en Estados Unidos han sido abordados por la académica de nutrición y salud pública Marion Nestle en su sitio web “Food Politics, como ocurrió cuando la federación nacional de productores de leche quería presentar leyes que obligaran a la FDA a dictaminar que todo lo que se etiquetara como leche, queso o yogur debía proceder de vacas. Esto argumentando que el término “leche” confundiría a los consumidores haciéndoles creer que la leche de almendras, soya o arroz era tan nutritiva como los productos lácteos. La académica al respecto escribió “¿Por qué creo que cualquiera que compre leche de almendras, soya o arroz sabe perfectamente lo que son? Se trata de proteger a la industria láctea. Es marketing, no ciencia”.

Respecto de esa supuesta exclusividad de la palabra “leche”, fui a mirar que decía la Real Academia Española (RAE) y me encontré con que la primera definición es: “líquido blanco que segregan las mamas de las hembras de los mamíferos para alimento de sus crías”. No obstante, la tercera es: “jugo blanco obtenido de algunas plantas, frutos o semillas. Leche de coco, de almendras”. Por lo tanto, según la RAE, el término no es solo para el producto animal. Eso sí, en este caso el debate se está dando a raíz de un producto que se llama Not Milk, así que me fui a ver los diccionarios que serían algo así como lo equivalente a la RAE pero en inglés, me encontré con lo mismo. En el sitio merriam-webster la primera definición para “Milk” fue “a fluid secreted by the mammary glands of females for the nourishment of their young”, pero en la segunda ya se indica que puede referirse a un producto vegetal: “a food product produced from seeds or fruit that resembles and is used similarly to cow’s milk” y también “a liquid resembling milk in appearance: such as the latex of a plant”. Algo similar aparece en el sitio de Cambridge dictionary y Oxford. Es más, a propósito de que en US se estuviera también debatiendo esto de llamar leche a los productos vegetales, en la revista The Smithsonian hacen un recorrido histórico por varias culturas dando cuenta de que llamar a las bebidas de almendras y soya como “leche” es algo que cuenta con siglos de historia.

A mi parecer, la industria lechera lo que tiene es miedo de perder. No quiere que las cosas cambien. Sin embargo, hay tanta conciencia respecto de las implicancias del consumo de lácteos que pretender que las cosas no cambien nunca no es realista. Es más, se sabe que lo único constante en la vida es el cambio, es cosa de mirar a la naturaleza y sus ciclos. Los únicos que aun no lo entendemos y buscamos aferrarnos a la ilusión de lo constante somos los humanos. Y bien, tampoco es que habrá cambios radicales en el corto plazo, pero es bueno que ya haya más conocimientos para poder tomar decisiones informadas sobre qué elegimos consumir y qué no. Revisemos algunas de las implicancias del consumo de lácteos:

La leche se ha mantenido como un producto estrella por muchos años y en pos de los beneficios que obtenemos de ella hemos escogido no mirar muy de cerca cómo se produce. Pero, a estas alturas, todos ya debemos saber que cualquier hembra mamífera debe de haber parido una cría para poder producir leche, en el caso de las vacas con un tiempo de gestación de nueva meses (sí, como nosotras), pero escogemos no mirar la realidad de lo que ocurre con esa cría luego que nace, porque el producto es para nuestro consumo, no el suyo. Por otro lado, nos debería decir algo que el 65% de la población mundial sea intolerante a la lactosa, cosa que no es una enfermedad ni tampoco mala suerte, sino que es una condición natural que se da a medida que crecemos dada por la disminución gradual de la actividad de la enzima lactasa, lo que provoca un fallo en la hidrólisis de la lactosa en sus componentes absorbibles. Es decir, es normal que los adultos mamíferos no puedan digerir lactosa, porque han dejado de ser lactantes.

Ahora, la leche de vaca sí posee valor nutricional ya que contiene proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales. No obstante, algunos de sus beneficios han mostrado inconsistencias y no se divulgan tanto los estudios que han mostrado su asociación con ciertos riesgos para la salud. Como se indica en un artículo de la Escuela de salud pública de Harvard, la indicación de consumo de leche en la vida adulta se justifica para aumentar la ingesta de calcio y reducir el riesgo de osteoporosis y fracturas, pero las investigaciones no han demostrado un beneficio consistente en la salud ósea con altos consumos de esta, y además ha sugerido un daño potencial con otras condiciones como el cáncer de próstata o cáncer de mama.

Respecto dl impacto ambiental del consumo de productos de origen animal, el reporte EAT de Lancet menciona que la agricultura es responsable del 30% de emisiones globales de GEI, del uso del 40% de los suelos y del 70% del consumo global de agua dulce, y que el ganado bovino lidera con un 62% de las emisiones. En Chile, un estudio en nuestra dieta determinó que los alimentos como lácteos y carne roja eran responsables del 60,5% de la huella de carbono total y del 52,6% de la huella hídrica. Estos impactos y las necesidades de cambio han sido reconocidos también por las Naciones Unidas. En una nota publicada en el sitio web de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático incluyen la siguiente cita del investigador de la Universidad de Oxford Joseph Poore: “Una dieta vegana es probablemente la mejor forma de reducir el impacto sobre el planeta Tierra, no sólo de los gases de efecto invernadero, sino también de la acidificación global, la eutrofización, el uso del suelo y del agua. Es mucho más importante que reducir los vuelos o comprar un auto eléctrico”.

Hay mucho más que se podría mencionar acerca de las implicancias del consumo de leche, pero más allá de afirmar qué es lo que está bien o lo que está mal, más allá de las etiquetas de los productos o de si deberíamos consumir productos lácteos animales o vegetales, creo que debemos volvernos consumidores cada vez más concientes y tener presente que promovemos aquello por lo que pagamos, incluyendo toda la larga cadena de producción -e impactos- que hay detrás. Si cada acto es un acto de autodefinición, entonces cada día es una nueva oportunidad de afirmar quién eres y en qué crees a través de lo que haces y, ciertamente, a través de lo que consumes. Y quizás un día te levantes y decidas que algo que llevabas toda la vida haciendo (o consumiendo) ya no te representa, y optes por elegir algo nuevo, distinto, que se alinee con tus valores actuales. Y entonces tal vez tus cercanos te digan ¡cambiaste! y yo te diré ¿why not?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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