Publicidad
Boric y el capitalismo I Opinión

Boric y el capitalismo I

Publicidad
Pablo Paniagua Prieto
Por : Pablo Paniagua Prieto Economista. MSc. en Economía y Finanzas de la Universidad Politécnica de Milán y PhD. en Economía Política (U. de Londres: King’s College). Profesor investigador Faro UDD, director del magíster en Economía, Política y Filosofía (Universidad del Desarrollo).
Ver Más

La evidencia nos sugiere que el capitalismo es un pilar esencial de la modernidad, un sistema necesario para salvaguardar nuestras libertades, la clave para erradicar la pobreza al promover el desarrollo de los individuos y una de las bases esenciales para resolver –a través de la generación de riqueza y más recaudación pública– muchos de los problemas de la sociedad, exactamente como lo hacen los países nórdicos. Lo que necesita Chile no es “derrocar el capitalismo”, como ya quisiera nuestro Presidente Gabriel Boric, sino que totalmente lo contrario, robustecer dicho sistema y perfeccionarlo, para que este se parezca, al menos un poco, a los capitalistas países del norte.


Hace algunos días, el Presidente Gabriel Boric dijo a la BBC dos frases que han causado bastante revuelo. Este señaló que “parte de mí… quiere derrocar el capitalismo”, para luego rematar con la frase “creo firmemente que el capitalismo no es la mejor manera de resolver los problemas en la sociedad”. Al parecer, el Presidente en ambas frases muestra no solo una falta de claridad conceptual al no entender lo que es el capitalismo, sino que además una falta de conocimiento económico e histórico de base para entender cómo funcionan los sistemas económicos modernos y generadores de prosperidad en el mundo. Analicemos ambas frases en detalle.

Primero, el Mandatario pareciera querer derrocar o destruir al capitalismo como lo conocemos, pero para poder destruir y aborrecer algo como al parecer lo hace el Presidente Boric, primero hay que tratar de entenderlo, conceptualizarlo y, sobre todo, saber para qué sirve; pues, de otra forma, estaríamos entrando en una pelea de sordos llena de errores conceptuales y que bien podría llevar a profundos errores políticos y socioeconómicos.

Dicho esto, la RAE define al capitalismo como un “sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la libertad de mercado”. Asimismo, uno de los más influyentes economistas institucionales, Geoffrey Hodgson, es su libro Conceptualizing Capitalism, señala que el capitalismo puede ser entendido como un sistema de organización económica que se basa en un conjunto de instituciones jurídico-económicas. Según Hodgson (2015, p. 20), el capitalismo se define como un sistema socioeconómico con las siguientes seis características:

1. Un sistema legal que apoye los derechos y libertades individuales generalizados de poseer propiedad, y de comprar y vender propiedad privada.

2. Intercambio descentralizado y generalizado de productos a través de mercados que involucran dinero.

3. Propiedad privada dispersa de los medios de producción por parte de empresas que producen bienes o servicios para la venta en la búsqueda de ganancias.

4. Gran parte de la producción es organizada por separado y fuera del hogar y la familia.

5. Trabajo pagado en dinero y contratos de empleo generalizados.

6. Un sistema financiero con instituciones bancarias y el uso generalizado del crédito.

Resulta evidente que, bajo esta definición conceptual, la mayoría de los grandes países prósperos y que generan bienestar para sus poblaciones son capitalistas (IMF, 2017). Además, como se ve de la definición, dentro del sistema capitalista están un conjunto de instituciones clave de la modernidad que ayudan a salvaguardar nuestras libertades individuales y que permiten el despliegue de nuestras capacidades y desarrollo, como: la libertad de poseer propiedad, la libertad de comprar y vender en mercados, la libertad de producir a través de empresas en búsqueda de ganancias, trabajo protegido por contratos legales, y un sistema bancario privado. ¿Cree, el Presidente Boric, que la mejor forma de organizar una sociedad es eliminando dichas instituciones?, y ¿se da cuenta este de las consecuencias de querer “derrocar” dichas instituciones? Veamos.

El Premio Nobel de Economía Amartya Sen, en su libro Desarrollo y Libertad (1999), señala que una de las libertades más importantes para poder desplegar nuestras capacidades y poder desarrollarnos en cuanto individuos funcionales y autónomos recae en poseer libertades económicas y ejercitarlas a través de los mercados. Como diría Sen (2000): “Existe una amplia evidencia de que la economía global en realidad ha traído prosperidad a muchas áreas diferentes del mundo. (…) Lo que se necesita no es un rechazo del papel positivo del mecanismo del mercado en la generación de ingresos y riqueza, sino el importante reconocimiento de que el mecanismo del mercado tiene que funcionar en un mundo de muchas instituciones”.

De manera análoga, el Premio Nobel de Economía Milton Friedman, en su libro Capitalismo y Libertad (1962), ha señalado que, sin libertad económica, sin mercados y sin libertad para poseer propiedad privada y crear empresas, probablemente no exista un contrapeso efectivo ante el poder político; haciendo que este termine por consumir a la sociedad civil y a la actividad económica, finalmente devorando nuestras libertades ante una convergencia del poder que no tiene contrapeso efectivo.

En síntesis, el conjunto de instituciones que posee en su seno el capitalismo son vitales para poder, no solo desplegarnos como individuos libres y autónomos en la búsqueda de nuestro desarrollo, sino que también son la última salvaguarda ante el poder político y ante los intentos de dominación que poseen muchos. De hecho, uno de los casos más dramáticos en donde se intentó “derrocar” al capitalismo fue la experiencia de la Revolución bolchevique, en donde se intentó eliminar la propiedad privada, nacionalizar la banca, marginalizar los mercados e incluso hasta erradicar el dinero (Paniagua, 2022).

Segundo, el Presidente Boric cree que “el capitalismo no es la mejor manera de resolver los problemas en la sociedad”. Dicha frase es paradójica, ya que la mayoría de la izquierda progresista en Chile y muchos políticos del Frente Amplio ven a los países nórdicos o escandinavos (Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia) como el norte a seguir. Pues bien, dichos países están hoy dentro de los países más capitalistas del mundo. Como ha señalado el ex primer ministro danés Løkke Rasmussen: “Sé que algunas personas asocian el modelo nórdico con algún tipo de socialismo… Por lo tanto, me gustaría dejar una cosa en claro… Dinamarca es una economía de mercado”.

Si miramos el famoso ranking Index of Economic Freedom, de la Heritage Foundation, que cuantifica la libertad económica y mercantil de los países y así trata de medir el grado de intensidad capitalista de los mismos, podemos ver que hoy Dinamarca es top 9 del ranking, Suecia es top 10, Finlandia es top 11 y Noruega top 12, mientras que Chile está en la posición 22 y cayendo año a año. De manera similar, el Ease of doing business index, de la Banca Mundial que mide la facilidad con la cual las personas pueden crear empresas, obtener créditos, proteger a sus inversionistas, intercambiar a nivel internacional y navegar la regulación estatal (todos aspectos relacionados con nuestra definición de capitalismo), podemos ver que Dinamarca es top 4, Noruega es top 9, Suecia es top 10 y Finlandia top 20. Chile esta apenas 50 en la tabla, cerca de México y Kosovo. Finalmente, si miramos el ranking Property Right Index, que mide el grado de protección jurídica de los derechos de propiedad de las personas y de las empresas (uno de los aspectos más esenciales del capitalismo), podemos ver que Finlandia es top 1, Dinamarca es top 6, Noruega top 7, Suecia top 12, y Chile está apenas en el puesto 33, por debajo de Omán.

En síntesis, en los aspectos más esenciales e institucionales que están en la base del sistema capitalista, podemos ver que los países nórdicos son extremadamente capitalistas y que promueven el libre mercado como pilar esencial de su modelo de desarrollo, mientras que Chile pareciera ser un país con un capitalismo mediocre y bastante escuálido. Dicho de otra forma, lo que tiene Chile es una forma de capitalismo disfuncional, en donde no se promueve la libre competencia (como en el caso del gas), no se salvaguardan los derechos de propiedad de las inversiones (ver aquí), a nivel cultural los chilenos no creen en la iniciativa privada (ver aquí) y la incerteza jurídica y la enmarañada burocracia minan al capitalismo día a día (ver aquí).

Pero todos estos problemas no son producto del capitalismo, sino que de las malas políticas públicas y de nuestra cultura que terminan por sofocarlo. La evidencia nos sugiere que el capitalismo es un pilar esencial de la modernidad, un sistema necesario para salvaguardar nuestras libertades, la clave para erradicar la pobreza al promover el desarrollo de los individuos y una de las bases esenciales para resolver a través de la generación de riqueza y más recaudación pública muchos de los problemas de la sociedad, exactamente como lo hacen los países nórdicos. Lo que necesita Chile no es “derrocar el capitalismo”, como ya quisiera nuestro Presidente Gabriel Boric, sino que totalmente lo contrario, robustecer dicho sistema y perfeccionarlo, para que este se parezca, al menos un poco, a los capitalistas países del norte.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad

Tendencias