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Es necesario salir del debate forestal inútil y ponernos de acuerdo
La discusión forestal se ha ido a los extremos, en donde cada quien intenta imponer su verdad.
En relación con las opiniones recientemente publicadas en este medio (una de la abogada Karina Riquelme el 15 de febrero y otra del presidente del Colegio de Ingenieros Forestales el 18 de febrero), ambas como respuesta a lo dicho por la ministra Tohá respecto a que “podríamos ser una potencia forestal, pero se tiene que encontrar una convivencia con su industria forestal mucho mejor de la que hemos tenido hasta ahora”, desde la Agrupación de Ingenieros(as) Forestales por el Bosque Nativo nos permitimos hacer un breve análisis.
La discusión forestal se ha ido a los extremos, en donde cada quien intenta imponer su verdad. Los árboles no tienen voz; pinos y eucaliptos solo han sido utilizados por los seres humanos –y muy especialmente por ingenieros(as) forestales– y no tienen responsabilidad alguna en las culpas que se les atribuyen: ser plantados en extensos monocultivos, ser mejor o peor como combustible, consumir grandes cantidades de agua, etc.
El ser humano es responsable de la ampliación de la frontera agrícola a costa del bosque nativo, que en los dos siglos pasados generó una gran superficie erosionada. En 1965, el Instituto de Recursos Naturales (IREN) calculó en 5 millones de hectáreas los suelos que se escurrían al mar. Era urgente reforestar con las especies de más rápido crecimiento que se conocían en esos años. Una de ellas es el pino insigne que, además, servía de materia prima a la naciente industria de papel y celulosa.
Así nació en 1965 el primer Plan Nacional de Reforestación, que no tuvo grandes resultados por la falta de incentivos. Estos llegaron en dictadura con el Decreto Ley 701 de 1974 que bonifican las plantaciones en un 75%, lo que, sumado al bajísimo valor del suelo, especialmente de laderas, elevó fuertemente la tasa de plantaciones y permitió a la empresa existente (CMPC) y las que se formaron con la privatización de las plantas de celulosa, concentrar la propiedad en los dos grandes grupos que manejan el 50% de las plantaciones y la industria forestal actualmente (CMPC y Arauco). Es relevante mencionar que las bonificaciones del D.L. 701 terminaron el 2012.
Esto ha permitido mostrar un sector exitoso en el que las plantaciones –financiadas por todos los chilenos– han crecido fuertemente y han controlado parcialmente la erosión, en especial de la Cordillera de la Costa, creando, además, una enorme cantidad de materia prima para la industria forestal que ha crecido exponencialmente, como lo demuestran las cifras de producción y exportaciones, a la par de las utilidades de las empresas. En el sentido macroeconómico se puede hablar de un sector forestal exitoso.
En los años 80 e inicio de los 90, la plantación masiva se hizo sin tomar en cuenta los impactos ambientales, sociales y culturales. Los reclamos de las comunidades campesinas (chilenas y mapuche) no demoraron, y a finales de los 90 existía un rechazo a las plantaciones a gran escala por parte de la población rural. Así las cosas, comenzó la emigración de la población rural y el cierre de escuelas que ya no tenían alumnos.
A comienzos del nuevo milenio, se publicó el Índice de Desarrollo Humano de todas las comunas del país y se pudo apreciar que aquellas comunas con una gran proporción de su territorio con plantaciones forestales presentaban los índices más bajos. La correlación era negativa.
Parte de los impactos negativos ambientales y sociales comenzaron a ser controlados y mitigados con las certificaciones forestales, pues lo exigían los mercados internacionales. En los 10 primeros años del nuevo milenio hubo un gran avance del desempeño ambiental y social en las grandes empresas forestales.
Las relaciones con las comunidades locales mejoraron, pero no hubo avance en el índice de Desarrollo Humano en las comunas con plantaciones forestales, como lo demuestran las cifras del PNUD en el 2024. Tampoco se aprecian avances en el conflicto entre el pueblo mapuche y el Estado de Chile, agravado por la instalación de las grandes empresas forestales en la Región de La Araucanía. Más bien, se ven retrocesos.
En la actualidad persisten graves problemas ambientales, sociales y culturales, que no se resuelven perpetuando la gestión de las plantaciones y los bosques como se ha hecho hasta ahora. Por ello opinamos que el modelo forestal que hemos tenido desde los 80 está agotado.
En 2010 la Agrupación de Ingenieros(as) Forestales por el Bosque Nativo realizó un diagnóstico del sector en su libro Hacia un Nuevo Modelo Forestal, 10 años más tarde CHILE necesita un Nuevo Modelo Forestal en el que proponemos el desarrollo de un sector sustentable construido y validado por todos los actores, y el 2024 Un nuevo modelo forestal para enfrentar la sequía, las inundaciones, los incendios forestales y la desertificación.
En estos documentos abordamos una serie de aspectos que fueron mencionados en las 2 opiniones anteriores en este medio, y que en este breve espacio no es posible abordar.
Finalmente, y muy en relación con la opinión del presidente del Colegio de Ingenieros Forestales (organización que representa solo a una parte de los y las profesionales), es necesario agregar que si el Estado de Chile hubiera tratado al pueblo mapuche como, por ejemplo, Nueva Zelanda dialogó y trata actualmente al pueblo maorí, posiblemente los mapuche estarían también participando de la instalación y gestión de plantaciones forestales (lo que ocurriría, sin duda, bajo criterios de sustentabilidad).
Nuestra realidad es otra: han sido muchos años de conflicto, maltrato, arrebato de tierras, no reconocimiento de sus formas de organización y de vida, y de su casi nula participación en la toma de decisiones. Lo último se extiende a toda la población rural.
Informar a la población con antecedentes técnicos/científicos sin sesgos y con una mirada integral de la realidad. Desde la mirada de todos los actores, especialmente de las comunidades rurales que son las directamente afectadas por el crecimiento del sector forestal industrial en nuestro país.
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