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La guerra de Ucrania y el mundo de Trump Opinión

La guerra de Ucrania y el mundo de Trump

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Roberto Pizarro Hofer
Por : Roberto Pizarro Hofer Economista. exdecano de la Facultad de Economía Política de la Universidad de Chile.
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En este contexto, América Latina se encuentra en posición desmedrada, porque se encuentra dividida, con inéditas diferencias políticas y proyectos de integración fracasados.


El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, en reciente entrevista con la periodista Catherine Herridge, justificó la indignada reacción del presidente estadounidense contra Zelenski.
Su molestia, según Rubio, fue por no querer entregar los recursos naturales exigidos en compensación por los 500 mil millones de dólares que, según Trump, le habrían entregado a Ucrania, en su defensa contra Rusia. Pero también sostuvo que el presidente de Ucrania nunca debió haber dicho que el jefe de la Casa Blanca estaba desinformado sobre la guerra. Es la explicación por los dichos de dictador y comediante de cuarta categoría con los que Trump agredió al presidente de Ucrania.

Algunos días antes, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, en reunión de la OTAN, había sido categórico en señalar que la solución a la guerra en Ucrania se encuentra en manos de Donald Trump y Vladimir Putin, agregando que EE. UU. ya no tendría responsabilidad alguna por la seguridad europea.

La decisión de entenderse con Moscú y excluir al bloque europeo y al presidente de Ucrania de las negociaciones de paz constituye una humillación política sin precedentes para Europa.

La planeada reunión de Trump con Putin a realizarse en Arabia Saudita sobre la paz en Ucrania recuerda el Pacto de Yalta de 1945, donde se redefinieron las esferas de influencia entre Stalin, Churchill y Roosevelt, a fines de la 2ª Guerra Mundial.

Así las cosas, el presidente Trump ha dado por terminada la alianza política y militar entre Estados Unidos y Europa, que perduró desde la 2ª Guerra Mundial a la fecha, lo que producirá una profunda transformación geopolítica en la escena internacional.

Habrá que preguntarse entonces si Trump y los oligarcas estadounidenses están pensando en un nuevo reparto del poder mundial, que acerque EE.UU. a Rusia, con Europa al margen. El objetivo parece ser aislar a China, porque su creciente potencial económico y tecnológico desafía el mercado interno estadounidense y, al mismo tiempo, su presencia competitiva en las más diversas regiones del mundo cuestiona la hegemonía de EE.UU.

Por otra parte, la ofensiva proteccionista del presidente Trump inicia el fin de la globalización, que ha caracterizado a la economía mundial durante los últimos cuarenta años. El Gobierno norteamericano, que había sido su principal impulsor, se ha convertido ahora en su enemigo.

El proteccionismo de Trump apunta a recuperar la deteriorada industria manufacturera estadounidense, seriamente afectada por la mayor eficiencia productiva y el abrumador avance tecnológico chino.

Los alardes arancelarios y la aplicación efectiva de los mismos son parte también de su accionar político, en un intento del Gobierno de EE.UU. por trasladar a México, Canadá y China la responsabilidad por los asuntos migratorios y el drama de la droga que afecta a su población.

Al mismo tiempo, Trump extrema su discurso imperial al renombrar el golfo de México como “golfo de América” y declara no descartar el uso de la fuerza militar para que Estados Unidos controle nuevamente el canal de Panamá, con el falso argumento de que las tarifas aplicadas al tránsito de barcos de su país son muy elevadas y con la acusación de que los chinos han invadido la zona del canal.

La osadía de Trump no tiene límites, ya que en su discurso “Hacer grande a Estados Unidos nuevamente” (MAGA) sostiene que Canadá debería ser el 51° estado de la Unión y que utilizaría el poder económico para lograrlo. Finalmente, exige a Dinamarca que le venda Groenlandia, porque es un territorio fundamental para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Con Trump a la cabeza, EE.UU., renuncia al multilateralismo, utiliza el poder comercial y quizá a futuro el militar para lograr sus intereses nacionales, coaccionando a sus aliados, como Europa y Ucrania, subordinando a los países más débiles, entre ellos, a los de América Latina, y mostrando fuerza ante sus competidores, principalmente frente a China.

La economía y política de Trump inauguran un nuevo mundo, lleno de peligros, tensiones e incertidumbres.

En este contexto, América Latina se encuentra en posición desmedrada, porque se halla dividida, con inéditas diferencias políticas y proyectos de integración fracasados.

De no haber un pronto entendimiento regional, el garrote de Trump caerá sobre el Canal de Panamá y la ambición de Elon Musk atacará el cobre, el litio y las tierras raras existentes en nuestros países, para alimentar sus fastuosos proyectos empresariales.

Las agresiones políticas y arancelarias de Trump acortarán las relaciones de América Latina con EE.UU. y se estrecharán las puertas de su mercado; pero quizás ello pueda aprovecharse para impulsar transformaciones de nuestras economías, en favor de la diversificación productiva; y, al mismo tiempo, podría servir para construir nuevos caminos de inserción en el mercado mundial y de complementación entre los países de América Latina.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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