
El PIE no da abasto: los desafíos de la inclusión educativa en Chile
Desde dentro del PIE, creo firmemente en su potencial y en el trabajo dedicado de los profesionales que día a día se esfuerzan por hacer la diferencia. Sin embargo, también reconozco que el programa, en su estado actual, no está dando abasto.
A propósito del reciente caso de un estudiante que agredió a una profesora en un colegio, surge una pregunta necesaria: ¿estamos realmente preparados para la inclusión educativa? Llevo más de 15 años trabajando como fonoaudióloga en un Programa de Integración Escolar (PIE) en una comuna de Santiago, y desde dentro he sido testigo de los avances, pero también de los desafíos que aún enfrentamos.
El Programa de Integración Escolar nació con una noble intención: garantizar que los estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE) reciban el apoyo necesario para desarrollarse en el sistema educativo. Sin duda, ha habido logros importantes. Muchos niños y jóvenes han encontrado en el PIE una oportunidad para aprender y crecer en un entorno más inclusivo.
Sin embargo, la creciente demanda de atención y la falta de recursos suficientes han puesto al programa en una situación compleja, donde lo bueno que se hace no siempre alcanza para cubrir todas las necesidades.
El sistema educativo actual aún tiene serias dificultades para adaptarse plenamente a la diversidad del alumnado. Aunque el PIE ha permitido avances significativos, las estructuras siguen siendo rígidas en muchos aspectos, y las adaptaciones curriculares no siempre logran ser tan efectivas como quisiéramos. Además, la infraestructura de muchos establecimientos no está completamente adecuada para atender a todos los estudiantes y existe una brecha importante en la cantidad de profesionales especializados disponibles.
Es fundamental reconocer que no solo los estudiantes con diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) requieren atención especializada, sino también aquellos con otras condiciones, como discapacidad intelectual, dificultades de aprendizaje, problemas socioemocionales, entre muchas otras.
La realidad es que el número de estudiantes con necesidades educativas especiales ha aumentado considerablemente en los últimos años, pero el sistema no ha evolucionado al mismo ritmo. Aunque se han hecho esfuerzos, aún no se han destinado suficientes recursos para contratar más profesionales especializados, ni se ha fortalecido la capacitación docente en la medida necesaria.
Tampoco se han realizado todas las mejoras requeridas en infraestructura para garantizar espacios accesibles y adecuados para todos los estudiantes.
El Sistema de Admisión Escolar (SAE) ha sido un avance importante en términos de acceso, permitiendo que todos los niños y jóvenes tengan la oportunidad de ingresar a un establecimiento educacional. Sin embargo, la inclusión no puede limitarse a la distribución de cupos. Debe ser un compromiso real con la calidad educativa y con la garantía de recursos suficientes para atender a cada estudiante de manera adecuada.
En este sentido, concuerdo con la presidenta del Consejo Nacional de Educación en que el SAE debería permitir que los colegios expliciten claramente sus capacidades para recibir y atender a estudiantes con necesidades educativas especiales. Esto no solo ayudaría a los establecimientos, sino también a las familias, que podrían tomar decisiones más informadas.
Desde dentro del PIE, creo firmemente en su potencial y en el trabajo dedicado de los profesionales que día a día se esfuerzan por hacer la diferencia. Sin embargo, también reconozco que el programa, en su estado actual, no está dando abasto. Se requieren más recursos, mayor flexibilidad en la implementación de estrategias de apoyo y un enfoque integral que permita la verdadera inclusión.
Incluir por incluir no es suficiente; debemos asegurarnos de que cada estudiante reciba la atención y el apoyo que realmente necesita para desarrollarse plenamente en el sistema educativo.
La inclusión es un derecho, pero también una responsabilidad compartida entre el Estado, las instituciones educativas y la sociedad en su conjunto. Para fortalecer el PIE y avanzar hacia una inclusión real, necesitamos una planificación más adecuada, más infraestructura, mayor formación docente y más personal especializado. Solo así podremos garantizar que el programa siga creciendo y mejorando, sin dejar a nadie atrás.
El caso de la agresión a la profesora no es un hecho aislado; es un llamado de atención que nos invita a reflexionar y a actuar. Desde mi experiencia en el PIE, sé que hay mucho por hacer, pero también sé que hay un compromiso genuino por parte de quienes trabajamos en este programa. Es hora de reconocer que el PIE no da abasto y de trabajar juntos, desde dentro y fuera del sistema, para construir una inclusión educativa que realmente funcione para todos y todas.
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