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El “negocio” del arzobispo Chomali Opinión

El “negocio” del arzobispo Chomali

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Cristián Zuñiga
Por : Cristián Zuñiga Profesor de Estado
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Monseñor Chomali vuelve a instalar a la Iglesia católica en la esfera pública, en un momento donde la fe en lo desconocido puede reaparecer como una terapia colectiva.


Hace rato que no se veía a la Iglesia católica chilena levantar la mano para hacerse parte, con planificada pasión, de uno de esos temas que suelen encender el debate público de moros y cristianos: los valores que configuran a las comunidades. Y qué mejor que hacerlo desde un debate donde se ven enfrentadas la avaricia de los mercaderes de turno versus el reposo del pueblo en medio de una milenaria festividad religiosa. 

Se trata de la batalla comunicacional que el cardenal, arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, ha dado por estos días para que los responsables del retail no abran sus tiendas el viernes donde se conmemora la crucifixión de Jesucristo. Hemos visto al cardenal transitar por diversos medios, pidiendo al comercio demostrar magnanimidad y respeto a la fe de millones de chilenos, priorizando el reposo en familia por sobre las ganancias materiales que pudiera generar un día adicional de ventas. 

El llamado de Chomali, tiene que ver con el tiempo de trabajo socialmente necesario, es decir, con aquello que Marx, en el capítulo 3 de El Capital, define como el trabajo social que se está dispuesto a entregar a cambio de determinada mercancía (en referencia a la demanda).

En este caso, el líder de la Iglesia católica busca que una norma obligue a interrumpir la cadena de oferta y demanda apelando a una creencia religiosa, llamado que fue recogido por parte de la derecha política: parlamentarios de la UDI y RN propusieron declarar el Viernes Santo como feriado irrenunciable. 

Por otro lado, y a pesar de las apresuradas declaraciones de su ministra del Trabajo, quien dijo que “a algunos les importa más el amor al dinero que a sus creencias”, el Gobierno se mostró contrario a declarar el Viernes Santo como feriado irrenunciable. A través de su ministro de Hacienda, Mario Marcel, el Ejecutivo mandó a decir (salvo que haya sido un golpe de timón del ministro encargado de las finanzas) que un viernes sin el retail abierto impactaría en la economía.

No deja de ser curioso que un Gobierno que amenazaba con morigerar la aceleración del capitalismo (promesas de campaña), hoy se pare del lado del agnosticismo del mercado. Más curioso aún es que la derecha heredera de Sebastián Piñera, un reconocido mercader “sin dios ni ley” (fue capaz de hacer negocios con pesqueras peruanas en medio de un litigio en La Haya entre Chile y Perú), hoy pida sumar otro feriado irrenunciable al calendario. 

Son las contradicciones ideológicas en que se debate la política, con derechas que, en algunos casos, se están pareciendo a las izquierdas de la década del 90 (es cosa de ver los discursos antiglobalización de Kaiser y Kast) e izquierdas que, a pesar de lo que uno pueda respirar en el mundillo de las redes sociales, están generando cada vez más respeto y adeptos entre el gran empresariado local y foráneo (pregunte a cualquier inteligencia artificial sobre las proyecciones económicas de mediano plazo en Chile).   

En medio de este desorden de ideas, es que monseñor Chomali vuelve a instalar a la Iglesia católica en la esfera pública, en un momento donde la fe en lo desconocido puede reaparecer como una terapia colectiva que ayude a soportar los inminentes dolores que las flechas del destino (con sus enfermedades y miserias propias del envejecimiento) proyectan para un país maduro.  

Usando el lenguaje propio de los mercaderes, la batalla de Chomali por el feriado en Viernes Santo es una tremenda oportunidad de negocio para la Iglesia católica, enemiga originaria de la modernidad, y, por ende, del capitalismo. Un negocio de tradición milenaria que ofrece palabras de cobijo y descanso a una sociedad a la cual el mercado desbocado (tal como lo describe de manera formidable el filósofo Peter Sloterdijk) le rompió el techo metafísico que tapaba la vista al sinsentido del infinito (la nada).  

Es algo que el mercado desbocado debería advertir (monseñor Chomali lo tiene muy claro): es muy probable que el miedo a la vejez despercuda sotanas, desempolve biblias y modifique culturas.                        

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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