
Las “tierras” de la discordia: ¿defensa de Ucrania o normalización del saqueo?
Así, al parecer –hoy– China no solo tiene un control significativo de la producción y procesamiento de “tierras raras”, sino que también sobre las exportaciones.
A partir de cifras del U.S. Geological Service (2019), el American Geosciences Institute (AGI) estima que, a fines de la década pasada, Estados Unidos era totalmente dependiente de la importación de al menos 18 minerales, incluyendo las llamadas tierras raras, escandio e itrio.
Al respecto, el Instituto señala que, en 1993, el 38% de la producción mundial de tierras raras estaba en manos de China, mientras que EE.UU. participaba con el 33%. Países como Australia, Malasia, India, Brasil, Canadá, Sudáfrica, Sri Lanka y Tailandia, controlaban el resto. Sin embargo, en 2011, la participación de China alcanzaba a más del 95%.
A esa fecha, China ya manipulaba las exportaciones. AGI destaca que las “tierras raras” son un insumo esencial y crítico –aunque pequeño– en la fabricación de componentes electrónicos de uso en todo tipo de dispositivos y equipos, incluyendo el sector de defensa.
Por su parte, Gracelin Baskaran, coeditora de Critical Minerals and the Future of the U.S. Economy, publicado por el Center for Strategic & International Studies de Washington, DC (febrero, 2025), destaca en la introducción del documento que “… hoy Estados Unidos depende en un 100% de 12 de los 50 minerales identificados como críticos por el U.S. Geological Survey (USGS) y en un 50% en otros 29. China es el mayor productor de 29 de esos minerales críticos” (pág. 2; mi énfasis y traducción).
Gracelin Baskaran concluye que, durante las últimas tres décadas, China habría utilizado su “política exterior para establecer una posición dominante en el mercado mundial de minerales críticos”. Y agrega que, aunque produce internamente solo el 10% de varios de estos minerales, China habría realizado inversiones a nivel global y los arreglos necesarios para importar y luego procesar entre el 65% y el 90% de la oferta global de esos minerales (pág. 130).
En el caso del cobre, el documento muestra que China participa con más de 40% del procesamiento global, mientras que, en tierras raras, China controlaría más de dos tercios de su extracción y casi el 90% de su procesamiento. El consumo de tierras raras en los EE.UU. depende en casi un 95% de China (pág. 5).
Así, al parecer –hoy– China no solo tiene un control significativo de la producción y procesamiento de “tierras raras”, sino que también sobre las exportaciones. Las cifras de la ONU–ITC indicarían que durante el período de 2020-2023, la exportación global de tierras raras, escandio e itrio (HS280530) alcanzó –en promedio– a poco más de 338 millones de dólares, al mismo tiempo que los envíos de China durante ese mismo periodo, participaron con cerca de dos tercios del total (216 millones). Le siguen de lejos Tailandia (28%) y Japón (4%). Durante este período, Estados Unidos importó poco menos de 17 millones de dólares, principalmente desde China (85%).
En este marco, ¿sorprende acaso que Estados Unidos quiera “darle un manotazo” a las tierras raras de Ucrania? Creo que no. Más allá de la caradurez de exigirle a Ucrania el pago de la ayuda militar (de paso, ya entregada) mediante un “acuerdo” para la explotación de las tierras raras, ¿qué es lo que ilustra esta “propuesta trumpeana” para la resolución de conflictos? Para mí al menos, hay una clara señal de los métodos que utiliza la “actual diplomacia” estadounidense y lo que podría suceder a futuro, en este ámbito, con Trump, Vance, o sus posibles sucesores en la Casa Blanca.
Espero estar equivocado. No obstante, creo no equivocarme sí afirmo que Trump introdujo un cambio significativo en la política exterior de Estados Unidos en los temas del acceso a, y seguridad de los minerales y metales críticos, pasando de la Mineral Security Partnership al pillaje internacional, ¿me equivoco?
Ante esto, espero que podamos superar la improvisación con la que estamos –al parecer– muy habituados o genéticamente programados, para actuar así. Espero que no nos sorprenda la “nueva” diplomacia estadounidense. Tenemos mucho en juego.
En junio de 2022, bajo el liderazgo de Canadá y Estados Unidos, se anunció en Toronto la “Minerals Security Partnership” (MSP), a fin de “promover el desarrollo del sector productor de minerales críticos, usando altos estándares medioambientales, sociales y de gobernabilidad, y alcanzando la sustentabilidad y la prosperidad de los países miembros …” y así promover la oferta y distribución estable y segura de estos productos.
En la oportunidad, formaron parte de esta Alianza MSP, Alemania, Australia, Canadá, Corea, EE.UU., Finlandia, Francia, Japón, Reino Unido, Suecia y la Unión Europea, representada por su Comisión. Más recientemente, habrían ingresado Estonia, India, Italia y Noruega.
El interés de la Alianza está centrado en minerales y metales de uso crítico en ‘tecnologías de punta”, en defensa y energía. Estos incluyen, entre varios otros, el cobre, cobalto, grafito, níquel, litio, manganeso y tierras raras, varios de ellos de nuestro interés (U. S. Department of State, mi énfasis y traducción).
Y la Alianza no ha estado inactiva. Aparentemente, los miembros de la “iniciativa” no solo interactúan entre ellos, sino que también con países con importantes reservas de minerales y metales “críticos”, que puedan estar “interesados en su mejor desarrollo y comercialización”. Para ello, la Alianza creó el “MSP Forum”, a fin de interactuar y establecer alianzas con los países interesados en proyectos que estuviesen “en línea” con los objetivos estratégicos de la Alianza.
Los actuales miembros del Foro MSP incluyen a Argentina, Congo (Rp. Democrática), Ecuador, Filipinas, Groenlandia, Kazajistán, México, Namibia, Perú, República Dominicana, Serbia, Turquía, Ucrania, Uzbekistán, y Zambia. Muy recientemente, además, los miembros de la Alianza establecieron la “Red Financiera MSP” (septiembre, 2024), a fin de promover y coordinar el financiamiento de proyectos de interés de las instituciones de los países miembros.
Con esta institucionalidad y con Ucrania participando en este Foro MSP, ¿por qué le habría exigido Trump a Ucrania la firma de un acuerdo “bilateral” de tierras raras para iniciar las negociaciones con Rusia? ¿Por qué se utiliza la emergencia de Ucrania para “extraer” este “acuerdo” al margen de la Alianza MSP?
Esta nunca ha sido mencionada, al menos públicamente, en las negociaciones. Simplemente, creo que la actual administración estadounidense desahució la Alianza. No lo ha dicho explícitamente –al menos eso creo– pero, con su propuesta de “America First’, Trump no necesita la Alianza, pues intenta “comerse la torta solo” o lo que quede, después de la negociación con Putin y lo que pueda disputarle a Xi.
Irónicamente, en otro artículo, Gracelin Baskaran explica que existe muy poca información actualizada de calidad, que permita asegurar o afirmar que “los elementos de tierras raras y otros minerales estratégicos [… de interés de la administración …] son viables de explotar comercialmente” en Ucrania (“Assessing the Viability of a U.S.- Ukraine Minerals Deal”, febrero, 2025, mi traducción).
Después de haber examinado diversas fuentes de información relativas al creciente interés de los países avanzados por la disponibilidad y acceso a minerales críticos y tierras raras, me pregunto si fuimos “invitados” a participar, o mostramos algún interés de interactuar con los miembros de la Minerals Security Partnership” (MSP) o en su Foro.
Tengo la firme impresión de que la respuesta es no a ambas preguntas y que, una vez más, optamos por enfrentar los desafíos que se avecinan “por la nuestra”, a pesar de la vulnerabilidad de nuestro comercio, el creciente interés por acceder a estos productos, y del enorme control que ejerce China en este mercado.
No estoy seguro de cómo describirlo: ¿somos “choros”, o simplemente muy desprolijos y poco previsores? Lamentablemente, parece que seguiremos improvisando y arriesgándolo todo. Y no tengo claro el motivo. ¿Aprenderemos alguna vez?
En el contexto internacional que se avecina, bajo Trump-MAGA, creo que se acentúa la vulnerabilidad que ya tienen nuestras exportaciones de cobre. Es conocido que somos el mayor exportador de cobre, ya sea mineral, cobre refinado y productos de cobre, participando en la actualidad con, aproximadamente, 15%. La competencia más cercana viene –literalmente– de Perú (7%), luego siguen exportadores con cifras muy menores (Rep. D. del Congo, Alemania, EE.UU., Japón, China, Australia, Canadá y Zambia, entre varios otros países).
El segmento de nuestras exportaciones de cobre que podría ser sujeto de las mayores presiones o “chantaje”, es el mineral (HS2603) que, en más de dos tercios, exportamos a China (67%). Aun cuando en una menor proporción, China también es nuestro principal mercado para el cobre y productos de cobre (38%) (HS74). Nuestras exportaciones de mineral, cobre y de sus productos a China, llegan a más del 54% del total que exportamos al mundo, pero solo representan el 21% de las importaciones totales de China.
Por cierto, una relación muy desigual y asimétrica, con un país y un producto “bajo la lupa” de Trump, de su política exterior y de una amenaza de súper aranceles.
También estamos “en la mira” de las grandes potencias debido al litio y las tierras raras. En las ventas de litio ya nos hacemos notar, aun cuando China encabeza las exportaciones, con una participación de cerca del 75%. Nuestra participación en las exportaciones es de solo 11%, pero tenemos una de las mayores reservas del globo.
No obstante, la Estrategia Nacional del Litio menciona muy vagamente los aspectos internacionales de una estrategia de esta naturaleza, con expresiones poco claras como “los adecuados equilibrios geopolíticos” (Gobierno de Chile, pág. 15). Muy curioso. No logramos los equilibrios en el cobre, y acá parece que no queremos “tirarnos a la piscina”. ¿Podemos? En tierras raras –parece– “estamos en pañales”. Pero ¿aprenderemos alguna vez a mirar el largo plazo?
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