
¿Por qué no Carolina Tohá?
Desde que anunció su candidatura a la Presidencia, en vez de apoyarla, sus socios se han dedicado a buscar otra alternativa. No ha sido asunto fácil, desde hace semanas el Partido Socialista y el Frente Amplio sacan uno y otro conejo del sombrero, sin que ninguno parezca suficientemente apto.
Nuestra dirigencia política lleva demasiado tiempo mirándose el ombligo, tomando decisiones en una burbuja alejada de la realidad. En estas condiciones, no sorprende que el Congreso y los partidos políticos sean las instituciones más desprestigiadas. Y, lo que es más grave, menos de la mitad de la ciudadanía (47%), cree que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, según la encuesta CEP de Septiembre de 2024.
El inicio de la campaña presidencial resulta patética. Salvo la propuesta populista y engañosa de reponer la pena de muerte, el debate se centra en una mezquina lucha por el poder, tanto en la izquierda como en la derecha. Como si los políticos chilenos vivieran en Marte y todavía no se percataran que Chile también está inmerso en un mundo donde las guerras arrasan con poblaciones inocentes, los matones campean con total holgura en el ámbito internacional y el fascismo avanza conquistando cada vez más territorios. En las grandes potencias, la democracia se debilita y el autoritarismo penetra por todos los resquicios, conquistando socios en distintos continentes.
Demasiado parecido a los años 30 del siglo pasado.
Ya no se requieren golpes de Estado para instalar gobiernos autoritarios como ocurrió en los años 60 y 70 del siglo pasado. Ahora basta conquistar una mayoría electoral, sin importar los medios, propagando noticias falsas -las famosas fakes-, utilizando los sistemas judiciales e invirtiendo fortunas para manipular la opinión pública a través de las redes sociales.
Los gobiernos fascistas aumentan de manera sistemática: Valdimir Putin, Viktor Orban, Recep Tayyip Erdogan, Benjamin Netanyhau, Javier Milei, todos ellos liderados de manera más o menos evidente por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Con una actitud pendenciera, inimaginable en el hombre más poderoso del mundo, Trump desató una guerra comercial, está destruyendo el orden internacional que imperó desde la II Guerra Mundial, redujo de manera implacable la ayuda a los países más pobres y a los organismos multilaterales, los fondos de investigación científica y los aportes públicos a las principales universidades.
Todo esto en apenas dos meses de gobierno.
Si los norteamericanos y los países democráticos no reaccionan con urgencia, el mundo occidental caerá en un precipicio en el cual los derechos y valores que creíamos inamovibles en el desarrollo de la Humanidad desaparecerán antes que nos demos cuenta. El respeto a los derechos humanos se evapora a la velocidad del rayo. Un ejemplo dramático es el de los inmigrantes, que ya viven en carne propia una realidad, sin apelaciones, en la cual los seres humanos dejamos de ser iguales.
Dos mil científicos de las distintas academias norteamericanas firmaron una carta abierta dirigida al pueblo norteamericano para advertir del peligro que conlleva “el ataque sistemático contra la ciencia” del Presidente Trump.
La carta es dura y, entre otras cosas, señala: “Tenemos creencias políticas diversas, pero estamos unidos como investigadores en la defensa de la independencia de la investigación científica. Enviamos este SOS como una advertencia clara: el sistema científico del país está siendo destruido.” Y luego explican: “La Administración está imponiendo la censura, destruyendo nuestra independencia. Está utilizando órdenes ejecutivas y amenazas financieras para manipular qué estudios se financian o publican, cómo se comunican los resultados y qué datos pueden ser accesibles para la población. La Administración está bloqueando investigaciones sobre temas que considera cuestionables, como el cambio climático, o cuyos resultados no le agradan, en temas que van desde la seguridad de las vacunas hasta la economía”.
Es hora que nuestra dirigencia política salga de su burbuja y descubra el mundo en que viven. No dará lo mismo cuál sea la próxima coalición de gobierno.
La derecha encabezada por Evelyn Matthei coquetea descaradamente con los sectores extremos. Como si no entendiera por qué los conservadores franceses y alemanes instalaron una barrera sanitaria entre ellos y el fascismo. Para quienes quieren el poder para construir un mundo mejor, y no sólo con un individualismo egoísta, resulta evidente que es un mal negocio llegar a La Moneda con sectores extremos que no valoran la democracia y prefieren los decretos.
La izquierda, por su lado, sigue enredada en encuestas que se acercan más a un instrumento político que a un termómetro de la realidad.
Cabe preguntarse ¿por qué no Carolina Tohá? La ex ministra del Interior tuvo el empuje y la valentía de lanzarse a una campaña muy cuesta arriba. En todo el espectro político se le reconoce experiencia, inteligencia y capacidad de gestión. Sin embargo, desde que anunció su candidatura a la Presidencia, en vez de apoyarla, sus socios se han dedicado a buscar otra alternativa. No ha sido asunto fácil, desde hace semanas el Partido Socialista y el Frente Amplio sacan uno y otro conejo del sombrero, sin que ninguno parezca suficientemente apto. Entonces, ¿por qué no Carolina Tohá?
¿Son tan grandes las diferencias entre el PS y el PPD para no unirse desde ya tras una figura destacada humana, profesional y políticamente?
Parece indispensable dejar de lado pequeñeces y egoísmo para respaldar con energía y convicción a quien tenga mejores cualidades para el desafío actual que, justamente por ser un país pequeño, requerirá de convicciones profundas.
Para quienes creen en la democracia, el principal objetivo debiera ser reforzar nuestra democracia y detener el fascismo.
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