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Ernesto Águila no le da chance al partido de Elizalde: «Hay que derrotar a los dirigentes que hacen posible el clientelismo en el PS» El académico y analista político hace su diagnóstico de la profunda crisis que vive el socialismo

Ernesto Águila no le da chance al partido de Elizalde: «Hay que derrotar a los dirigentes que hacen posible el clientelismo en el PS»

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Marcela Jiménez
Por : Marcela Jiménez Periodista de El Mostrador
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Neto Águila no tiene reservas a la hora de analizar críticamente al PS. Asegura que la crisis actual es más profunda que la que experimentó con el quiebre tras el Golpe de Estado. El problema de hoy, según su análisis, es que existen dos partidos: uno, el de los militantes de base, y otro, el clientelar, ese que es utilizado por diversos caudillos para alcanzar una posición política. “Hay que derrotar a ese partido y a los dirigentes que hacen posible ese clientelismo, en eso Aguilera no es el más responsable, él era parte del entramado”, dice.


Por lejos este ha sido el peor año que recuerden en el PS. Dos bombas políticas explotaron a las puertas de la histórica colectividad: las inversiones que realizó la tienda con parte de su patrimonio en empresas como SQM y, recientemente, las eventuales narcorredes del alcalde de San Ramón y vicepresidente de la tienda, Miguel Ángel Aguilera, situación que, tras varias semanas de tensión interna, lo llevó a renunciar a sus 30 años de militancia antes de ser expulsado. Si bien en ambos capítulos llovieron las críticas por la deficiente conducción política de la mesa directiva que lidera Álvaro Elizalde, el problema es bastante más profundo que el mal manejo de un puñado de dirigentes, y el diagnóstico del analista político Ernesto Águila, sobre la forma en que la tienda de Salvador Allende terminó con su imagen pública por los suelos, es crudo: “Se tocó fondo”.

Este es el peor de los momentos para que el partido, que durante 25 años ha aspirado a cumplir el papel de articulador, tenga una crisis de esta envergadura.

Para el “Neto”, como conocen a Águila en las huestes socialistas, la debilidad actual del PS ha influido directamente en la excesiva fragmentación que se evidencia en la izquierda chilena, y plantea las dificultades que debe sortear un aglutinamiento de las fuerzas de centroizquierda en la segunda vuelta, de modo que intente no entregarle La Moneda en bandeja a Sebastián Piñera.

“El Frente Amplio (FA) va a estar muy tensionado, no descartaría una fractura entre la primera y la segunda vuelta, porque detrás está un tema estratégico: cómo se construye una izquierda con identidad, programa propio y, a la vez, sin caer en un aislacionismo. El resultado de la CEP muestra un tremendo riesgo, porque lo sitúa en los porcentajes tradicionales de lo que fue la izquierda extraparlamentaria en su tiempo, y la forma de marcar la diferencia dependerá de si logra proyectarse hacia el futuro (…). Un actor político no puede dejar pasar una coyuntura importante como una segunda vuelta. Tienen que meditar muy bien cómo jugar sus cartas, porque la experiencia de Marco Enríquez-Ominami el 2009 fue el principio de su fin. Con el ninguneo que hizo de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, en lugar de haber sido un actor determinante, se equivocó estratégicamente y de ahí nunca más se recuperó. (…) No puede repetir el error de Podemos en España, que hizo de su objetivo derrotar al PSOE, generando con eso una enemistad política en los electorados que le da a la derecha la posibilidad de gobernar por mucho tiempo”.

-La izquierda chilena siempre ha tenido el sino de la división entre sus fuerzas, ¿por qué se ha agudizado tanto los últimos años?
-No recuerdo ningún otro momento en la historia de Chile en el cual se haya dado el actual nivel de fragmentación, estamos en un archipiélago de la izquierda. No hay que confundir la idea de una izquierda plural, que la constituyen cuatro o cinco vertientes ideológicas culturales históricas, con una fragmentación que hoy genera 18 a 20 partidos o colectivos. Avanzar hacia una síntesis y hacia la unidad de la izquierda es un imperativo, no se resiste este archipiélago. Esa síntesis debería ocurrir entre esta elección y la siguiente, sobre todo en el mundo del FA.

-¿Se llegó a esto por agotamiento del discurso de la izquierda tradicional, la falta de propuestas, la ausencia de verdaderos líderes?
-El términos sociológicos, dice relación con el surgimiento de nuevas capas medias, por eso no es casualidad que esta izquierda emergente esté vinculada a los movimientos estudiantiles, traen otras lógicas. Pero también hay una responsabilidad del Partido Socialista y su domicilio político con la DC durante la transición, que hace que el PS se traslade hacia el centro. Las nuevas generaciones perfectamente podrían haberse reconocido en un PS si no fuera por el abandono que hizo de ese espacio de izquierda no comunista, que es un campo históricamente amplio, dinámico, que siempre generó líderes y proyectos.

-La lógica de esa alianza era ser la columna vertebral de la coalición y los gobiernos, ¿dónde estuvo el error?
-En la medida que empezó a ser más relevante el tema del modelo económico, social y laboral, se necesitaba una diferenciación más clara en las propuestas de la izquierda de la Concertación y, en ese proceso, el PS se desarraigó de su electorado natural, de un mundo social, popular, estudiantil y juvenil. La unidad de la DC con el PS no se construyó sobre la base de reafirmar las identidades de cada uno, sino que en aras de una cierta unidad se produjo un desperfilamiento que facilitó la emergencia de nuevos actores. Esto ya no es reversible, se va a dar de esta manera, las nuevas izquierdas siempre emergen por debilidad o vacíos que dejan los partidos históricos, como la tardía llegada de los partidos socialistas europeos al tema medioambiental, que generó el surgimiento de los partidos verdes.

-¿El PS en Chile está en esa ruta de ser superado políticamente?
-Lo que uno puede observar, comparativamente, de la experiencia europea, es que hay tres situaciones: una, que las nuevas izquierdas reemplazan completamente al socialismo histórico, que es el caso de Grecia y Francia; dos, que las nuevas izquierdas quedan en una situación de empate, como en España, porque Podemos no va a sacar del mapa político al PSOE ni viceversa; y el tercer esquema, es del PS en Portugal, donde la renovación se produjo dentro del partido histórico. Si uno puede hacer comparaciones, vamos rumbo a la situación parecida a la de España: ni el PS chileno ni el PC van a desaparecer y más bien van a convivir varias izquierdas con pesos parecidos, pero eso implica ser capaces de generar grados de entendimientos, porque lo otro lo único que produce es la hegemonía de la derecha. La posibilidad de que el PS se recupere y juegue ese rol, es algo que por ahora es incierto.

-¿Esta crisis del PS es más profunda que la que vivió con su quiebre tras el golpe militar de 1973?
-Efectivamente. Los hechos que han ocurrido este año han puesto a prueba el estoicismo de los militantes del PS, muchos se han preguntado si es un lugar recuperable, hay desazón y molestia. Algo que dejó al descubierto lo de San Ramón es que hoy existen dos partidos en uno: está el de los militantes y el otro, el de la ficha-clientelar. La posibilidad de recuperación del PS tiene que ver con que los militantes derroten al clientelismo, ese que solo aparece para las elecciones, que es acarreado, distorsiona el padrón, lo utilizan ciertos caudillos y dirigentes para obtener una posición política. Esta idea de militantes acarreados, que en vedad no tienen posibilidad de deliberar, que son masas de poder para desplegar ciertas carreras políticas, ese tipo de partido solo puede descansar sobre la base de una profunda despolitización y esa es la realidad. Hay que derrotar a ese partido y a los dirigentes que hacen posible ese clientelismo. En eso Aguilera no es el más responsable, él era parte del entramado.

[cita tipo=»destaque»]»El PS viene recibiendo un daño en su imagen importante que logra resistir sobre la base de que sigue girando a cuenta de su historia, que tiene heroísmo y sacrificio, pero eso tiene un límite y el PS está cerca de ese límite. Lo que se observa internamente es un grado de molestia y una creciente reacción de querer cambiar profundamente las cosas. Se está abriendo un espacio en el PS de una idea refundacional, generar un hito político, un Congreso extraordinario en el cual se diga qué es el PS, cuál es la continuidad histórica, qué es lo nuevo, cuál es la ética. Y todo lo que no está dentro de eso, para afuera. Hay una necesidad en el PS de dejar atrás el partido sin proyecto, sin programa, clientelar, este cierto relajo ético que ha quedado al descubierto. Se requiere un punto de continuidad y ruptura».[/cita]

-El síntoma, no la enfermedad real del PS…
-Claro. La enfermedad es la despolitización y la transformación de un proyecto colectivo, como era el PS, en un proyecto que, en el mejor de los casos, es la sumatoria de carreras políticas y de dirigentes de poco talento. Si se mira a la actual mesa del PS y piensas, uno puede aceptar que las cosas han cambiado, pero el abismo es demasiado grande en términos intelectuales y, por lo tanto, ahí hay una responsabilidad colectiva de la que hay que hacerse cargo. No se va a salir de esta crisis si no es sobre la base de que recupere el poder el partido de los militantes y a eso le asigno una alta importancia política.

-Este partido clientelista en el PS no apareció ahora.
-Este partido clientelar viene de bastante tiempo. En el esquema de las votaciones directas se comienza a construir un mayor poder de los caciques locales capaces de generar bolsones de votos. Todo San Ramón votaba en una dirección y, si en la elección siguiente la alianza era otra, votaba en la dirección opuesta. Claramente hay una pérdida de la capacidad de reflexión individual. Soy partidario de volver a viejas prácticas, como el requisito de premilitar seis meses antes de firmar una ficha, recibir cursos de formación política, militar en una estructura de base reconocible. Si el refichaje tuvo como objetivo sincerar los padrones para que militaran los que se sentían identificados con una cierta doctrina, eso no se logró, porque se pudieron reproducir igual las redes clientelares. Esto no afecta solo al PS.

-¿El impacto y el daño interno al PS por SQM y las narcorredes habría sido igual con cualquier otra conducción política del partido?
-El PS viene recibiendo un daño en su imagen importante que logra resistir sobre la base de que sigue girando a cuenta de su historia, que tiene heroísmo y sacrificio, pero eso tiene un límite y el PS está cerca de ese límite. Lo que se observa internamente es un grado de molestia y una creciente reacción de querer cambiar profundamente las cosas. Se está abriendo un espacio en el PS de una idea refundacional, generar un hito político, un Congreso extraordinario en el cual se diga qué es el PS, cuál es la continuidad histórica, qué es lo nuevo, cuál es la ética. Y todo lo que no está dentro de eso, para afuera. Hay una necesidad en el PS de dejar atrás el partido sin proyecto, sin programa, clientelar, este cierto relajo ético que ha quedado al descubierto. Se requiere un punto de continuidad y ruptura.

-La actual directiva, con todas las críticas a su falta de manejo, ¿está en condiciones de liderar un proceso de esa envergadura?
-Para un nuevo comienzo, se necesita un nuevo grupo de dirigentes, que traiga lo mejor de las generaciones anteriores y de las actuales.

-Al parecer hay problema de stock y de agotamiento de los liderazgos internos…
-Paradójicamente, el PS es un partido que atrae a mucha gente. Con todas las dificultades que ha tenido, posee un importante arraigo social y popular, no hay un pueblo en Chile donde no aparezca un socialista. Esa parte buena y sana del PS justamente está limitada en sus opciones de acceder al poder y renovarlo, producto del manejo de este partido clientelar, que está al servicio de liderazgos que están desgastados. Se va a requerir una cuota de generosidad para abrir paso a nuevos liderazgos que compartan el diagnóstico de que estamos en una fase muy riesgosa para la vigencia histórica del PS y que queda poco tiempo para que tenga la opción de volver a jugar un rol significativo.

-¿Tuvo que ser necesario que apareciera la palabra narcotráfico para que recién ahora el PS se escandalizara por el clientelismo en sus filas?
-Hay que reconocer que produjo un impacto grande, hubo una sensación de tocar fondo. Aguilera viene de una familia de socialistas históricos, su padre encabezó la toma de La Bandera, él debe saber que transgredió ciertos límites. Los estándares de un partido no son los de la justicia, los de los militantes debe ser más altos.

-¿Entonces, en el fondo, esta es una crisis de los valores socialistas?
-La despolitización, unida al partido clientelar, produce una desvalorización de una cierta ética socialista. Si vives despolitizado, construyendo tu poder sobre la base de militantes que no son reales, la pregunta siguiente es para qué seguir siendo socialista, si ya no se persigue un proyecto de sociedad y no hay con quién debatirlo. Hay una frase que dice que el primer paso de la corrupción es una política sin ideas. Uno puede ser pragmático si tienes un proyecto político, eso puede ser sabiduría, pero un pragmatismo sin proyecto es llenado por proyectos individuales y eso, sin duda, va generando una corrosión ética que, tarde o temprano, desemboca en algo grave. Esta falta de ideas, de doctrina, te hace más permeable, porque una política con sentido y con proyectos te da valores.

-¿Es una exageración pensar que si no se hace nada puede pasar lo mismo que con el PS en Italia, que la mafia se incrustó en sus filas y lo anuló?
-Los casos de corrupción no pueden evitarse al 100%, lo que marca la diferencia es cómo reaccionan las instituciones y creo que, con vacilaciones y tardanzas, el PS ha reaccionado finalmente, lo que significa que ahí queda una reserva. Pero falta un gesto más profundo, que marque un nuevo comienzo, que aleje estos fantasmas.

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