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Cristián Cox, experto en educación: “En un año un ministro no alcanza a definir una impronta” PAÍS

Cristián Cox, experto en educación: “En un año un ministro no alcanza a definir una impronta”

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Y en dos años hemos tenido dos ministros: Ávila y Cataldo. El Gobierno no posee una impronta educativa, sino “una agenda visiblemente tomada por problemas de gran escala, definidos con anterioridad, a los que se agrega el deterioro evidente de la política y su capacidad de acuerdos”.


La “facilitadora vecinal”, como se hace llamar Melyna Montes, conocida emprendedora de Bajos de Mena, está preocupada por las niñas que quieren alcanzar la fama, haciéndose llamar Paty Fácil o Ana Fácil, imitando modelos que ven en TikTok y otras redes sociales. Y de los niños y jóvenes que son tentados por el narco y las bandas delictuales en los barrios marginados, donde el Estado está ausente. 

Unas y otros tienen el mismo problema de base: la ausencia de las madres (los padres hace rato que no están), porque deben “parar la olla” y, para hacerlo, pasan en promedio cuatro horas arriba de una micro yendo y viniendo del trabajos, mientras sus hijas e hijos quedan librados a su suerte buena parte del día.

Este problema –y esto lo dicen los estudios y los expertos– se profundizó en pandemia y se ha mantenido en el tiempo. Existe la percepción de que la pandemia “le rayó la pintura” a la educación como herramienta de promoción y ascenso social entre la población.

El director del Centro de Políticas Comparadas de Educación de la Universidad Diego Portales (UDP), sociólogo y educador Cristián Cox, cree que la pandemia tuvo un efecto interruptor enorme en la formación de la generación que la vivió durante su experiencia escolar, cuyas consecuencias aún están en desarrollo y no conocemos del todo. 

Mundialmente se reconoce que ha afectado directamente la asistencia a clases, que aún no recupera sus niveles prepandemia. “Lo que está en curso en nuestro país es la caída de la asistencia a clases, que aún no recupera el nivel que tenía en 2018, aunque respecto a 2021 y 2022 ha ido subiendo gradualmente. De aquí que los sistemas, en todo el mundo, hablen todavía de reactivación y de medidas de recuperación”. 

De acuerdo a un informe del Centro de Estudios del Ministerio de Educación (Mineduc), publicado en 2023, “el porcentaje de estudiantes con inasistencia grave se redujo del 47,4% en el año 2022 al 42,9% en 2023, quedando a 20,8 puntos porcentuales respecto a los y las estudiantes con inasistencia grave del año 2018 en que el ausentismo era de 22,1%”. 

A partir de estos datos, el experto hace notar que la inasistencia en Chile se mide de manera exigente. Bastan tres días de ausencia al mes para categorizarla y contabilizarla como “inasistencia grave”. 

Círculos de aprendizaje

Respecto de lo que pasa en el mundo al que se refiere y conoce bien Melyna Montes, Cristián Cox sostiene: 

–Lo que ocurre entre los grupos más vulnerables es una doble crisis y desafío. Efectivamente, hoy no se le ve valor a la educación, a lo que se está sumando que la gran interrupción de la rutina de ir a clases que significó la pandemia y el paso a las clases por Zoom, erosionó la creencia en la obligación de la asistencia a clases en estos jóvenes. Esto sobre el piso de que en general no cuentan con el factor presión pro-asistencia a clases por inexistencia de un núcleo familiar estructurado capaz de ejercer esa presión. 

-¿Cómo se los trae de vuelta? 

-Es muy difícil pero necesario y posible –precisa quien fuera miembro del directorio de Súmate del Hogar de Cristo, fundación que se dedica a devolverles a los niños, niñas y jóvenes su derecho a la educación desde hace 30 años. Y añade: –La dificultad es la ausencia de base sociocultural fuera de la escuela, dentro de la familia y su entorno, que sostenga y nutra la rutina y disciplina intrínseca a la asistencia a la escuela o el liceo. 

Para lograr traerlos de vuelta, sostiene, debe haber respuestas sistémicas: no solo persuasión moral desde los educadores, llamándolos con buenas razones. Es crucial que exista un ‘piso’, un anidamiento de incentivos/presiones concretas, materiales y sociales, que contribuyan a su reinserción educativa. 

Y pone un ejemplo: 

–El caso nacional más contundente de algo en esta dirección a gran escala es en el Brasil de Lula, en la etapa pre-Bolsonaro. Entonces se pagó a las familias pobres un bono por asistencia a clases de sus hijos. A esto hay que agregar apoyo social familiar, que es gravemente precario en estos grupos y que debe ser apoyado y, donde no exista, construido por políticas sociales efectivas para dar apoyo contextual y comunitario, de redes y entre pares, que otorgue sentido por reconocimiento al esfuerzo de la asistencia, y capacidad de reacción cuando ese esfuerzo falla. Es decir, que a alguien le importe la inasistencia de un niño, niña o joven a clases, y que estos lo sepan y sientan. 

Agrega que, “en términos propiamente educativos, una iniciativa en Latinoamérica reconocida por su impacto en la recuperación de los desplazados de la experiencia escolar, es la de los Círculos de Aprendizaje de la Escuela Nueva de Colombia. Se trata de unos ‘círculos’ de hasta 15 niños, que funcionan liderados por tutores que facilitan el aprendizaje, proporcionando atención personalizada a los niños en centros comunitarios, locales parroquiales y hogares, hasta que están listos para transferirse a ‘la escuela madre’ con la que el ‘círculo’ está asociado”. 

Explica que los “círculos de aprendizaje” operan como un dispositivo de acercamiento de la escuela a donde está la niñez más vulnerable, a la que ofrecen un entorno seguro y protector, a la vez que rutinas y métodos contextualmente adecuados y flexibles a los ritmos de aprendizaje de cada niño. “El ejemplo de los ‘círculos de aprendizaje’ plasma en forma elocuente el gesto básico necesario respecto a los abandonados de la educación: una educación que va a buscar a la niñez vulnerable donde está y le ofrece lo fundamental –reconocimiento, afecto y aprendizaje– a través de medios y estrategias adecuados”.  

Profesores “marmicoc”

Este año en que el Hogar de Cristo cumple 80 años desde su creación, Cristián Cox nos ayudó en un texto introductorio a una de las décadas, dentro de las ocho que la causa de Alberto Hurtado lleva trabajando en disminuir la pobreza en Chile. 

El texto será parte de un libro conmemorativo que busca señalar 80 avances sociales significativos desde 1944 a 2024, que son los años de existencia de lo que algunos consideran “el milagro cotidiano” –el Hogar de Cristo–, que convirtió a Alberto Hurtado en santo. 

La década abordada por el director del Centro de Políticas Comparadas de Educación de la UDP corresponde a la que va desde 1964 a 1973, la que, sin duda, está marcada por los cambios que trajo el programa educativo del Gobierno de Eduardo Frei Montalva. De la llamada “Revolución en Libertad”, recordada por cambios significativos en materia de educación. 

Dice Cristián Cox: 

–Fueron años de una reforma profunda y abarcadora, con enormes y duraderas consecuencias. No solo en ese periodo se logró la educación básica universal, alargándola en dos años, porque antes llegaba solo hasta sexto año básico, también hubo un mayor acceso a la educación superior, a la universidad, que hasta entonces era solo para una elite. Y se redefinió completamente el carácter de la educación secundaria, que también era ultraselectiva. “Había un examen al final del sexto básico que estaba concebido como un verdadero colador. Pasaba a enseñanza media una fracción de los que daban esa prueba”, explica el experto.  

Para empujar esos cambios, Cox destaca cinco instituciones que contribuyeron a la revolucionaria transformación educativa de entonces. 

Así lo escribe: “Entre los años 1966 y 1970, se crean la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), de decisivo impacto en la escolarización de la infancia pobre que en 1964 estaba fuera de la escuela; la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), que inicia la acción del Estado en la infancia preescolar; el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP), que plasma la reforma del currículum escolar y capacita a los docentes en los nuevos métodos de enseñanza; el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt), que echa a andar el esfuerzo estatal para el desarrollo de las capacidades científicas del país; y el Instituto Nacional de Capacitación (Inacap), que establece una institución nacional para preparar a trabajadores y técnicos”. 

Agrega al conjunto “una creación menos asociada a la idea de institución, pero de importantes consecuencias: la Prueba de Aptitud Académica”. 

Y hace notar una acción decidida y radical que suena imposible en los tiempos actuales: “La reforma educativa formó a casi tres mil profesores básicos en el verano de 1965 y las siguientes vacaciones de invierno, porque existía una suerte de movilización y compromiso nacional por lograr la educación básica universal. En agosto de 1966, se titularon 2.668 nuevos maestros de educación básica. Este proceso dio origen a la expresión ‘profesores marmicoc’ en los medios de la época”. 

Un año más tarde, la matrícula de básica había crecido el equivalente a los cinco años anteriores.

La definitoria ENU

Frei Montalva dio el impulso a estos cambios y quien los puso en práctica fue el ministro de Educación más duradero –y, seguro, de los más capaces– que ha tenido Chile: Juan Gómez Millas. Un exrector de la Universidad de Chile, a quien el entonces Presidente Frei convenció de que debía liderar la transformación del sistema escolar para servir al gran esfuerzo modernizador y democratizador de la época. 

-¿Qué pasó cuando se produjo la llegada a La Moneda de la Unidad Popular, con Salvador Allende en la Presidencia?

-A diferencia de los reformadores del 65, el nuevo grupo responsable de dirigir la educación del país llega dividido y, al momento de asumir responsabilidades gubernativas, carente de un proyecto de cambios para el sector. Por un lado, educadores y políticos del Partido Radical y del Partido Comunista sustentaban ideas moderadas que en lo fundamental significaban no alterar el sistema, manteniendo su modernización y democratización –responde. 

Y luego agrega: “El Partido Socialista, en cambio, intentó a lo largo del período la transformación revolucionaria de la educación chilena, abriendo el manejo del sistema escolar a la participación de sectores externos a él, colectivizando las estructuras de autoridad de la escuela y ligando sus procesos de transmisión e inculcación cultural a los campos de la producción y la política. Esta contradicción en la cúpula cruzó cada una de las iniciativas de cambio del período, tanto en su forma como en sus contenidos, aunque no la política de ampliación de coberturas”. 

En 1973, se instaló el programa de una Escuela Nacional Unificada (ENU), que en un documento académico Cox define así: “El proyecto ENU representa la versión más desarrollada del intento del Gobierno de la Unidad Popular por construir una educación acorde con el horizonte socialista. Las circunstancias de su discusión e intento de aplicación rebasaron por completo el campo educativo involucrando al sistema político como un todo, las Fuerzas Armadas y la jerarquía de la Iglesia católica”. 

La oposición interpretó la ENU como totalitaria y fue el tema que la unió definitivamente. “Fue una unión definitiva y explícita contra el Gobierno”, reflexiona el experto. 

La bandera de la contrarreforma

Durante los dos años de la actual administración, que llegó precedida por demandas centradas en educación, ha habido un ministro de Educación por año: Marco Antonio Ávila y ahora Nicolás Cataldo. 

¿Cómo lo han hecho? ¿En qué consiste su proyecto educativo? ¿Qué logros pueden exhibir? 

Se lo preguntamos a Cristián Cox. Responde: 

–En un año un ministro de Educación no alcanza a definir una impronta. Creo que no es posible evaluar a los dos ministros del actual Gobierno en los términos planteados. En cambio, sí se puede hacer una apreciación más general del tiempo en que estamos en términos de política educacional.

-¿Cómo es este tiempo en que estamos?

-Mi visión es que es un tiempo de absorción gradual y exigente de los grandes cambios acordados por Gobierno y oposición durante el segundo Gobierno de la expresidenta Bachelet, plasmados en tres leyes que redefinen la institucionalidad de la educación: las de Inclusión, que redefinieron las bases de funcionamiento de la educación privada subvencionada; las de Nueva Educación Pública, que plantearon una redefinición equivalente de la educación municipal; y las de Gratuidad, que cambiaron la economía política de la drásticamente expandida educación superior. Ha sido difícil para el Gobierno actual aceptar una agenda tan visiblemente tomada por los problemas y requerimientos de gran escala aludidos, definidos todos con anterioridad, a los que se agregan los del presente pospandemia y el deterioro evidente de la política y su capacidad de acuerdos. 

-En suma, ¿cómo se ven el presente y el futuro inmediato de la educación?

-Desde esta perspectiva lo que se percibe en la gestión gubernamental, a medida que pasa el tiempo, es que crece el convencimiento de la necesidad de acuerdos y alianza público-privada, y baja la temperatura ideológica, lo que creo está en armonía con lo que requiere el sistema y su procesamiento de los cambios en marcha. Ahora es la oposición la que parece más ideológica, tras la bandera de una ‘contrarreforma’, que me parece redoblaría los problemas en vez de resolverlos. 

.Para cerrar, ¿qué piensas de la resucitada iniciativa de condonar el Crédito con Aval del Estado, CAE?

-¡Pésimo!

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